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Reportajes

Rioja Alavesa, tierra de vino… y de sueños turísticos

19 Enero 2012por Jesús Barbero

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Bodegas Heredad de Ugarte, en Laguardia

Bodegas Heredad de Ugarte, en Laguardia

Otra población especialmente relevante es también Labastida, ubicada en la punta oeste de esta zona e incluso bastante separada de todo el este de la misma, donde se encuentran el resto de núcleos urbanos de la Rioja Alavesa (entre ambos extremos se mete una cuña de terreno de la comunidad autónoma La Rioja). Camino de ella, pasamos antes por Samaniego, donde sin mucho tiempo para el reposo, visitamos el Hotel Palacio de Samaniego, un pequeño y recién restaurado establecimiento con encanto donde la calidez y el trato acogedor y personal son también la norma, y donde Jon Ugalde, el propietario, prepara una gastronomía de primer nivel fruto de su aprendizaje junto al mago Berasategui.

Se llega por fin en esta andadura a Labastida, otra de las capitales de la Rioja Alavesa, una villa de larga tradición, pues ya en el año 1.200 era un recinto amurallado del que hoy todavía hay muestras. A partir de ahí, su relevancia en la zona fue ganando enteros y se constituyó en lugar de residencia de muchos nobles durante la época medieval, pero también en siglos posteriores. Por eso sus calles están plagadas de casas solariegas de piedra, en buena parte de las cuales destacan escudos y blasones recordatorios de familias y hazañas. Y llegando a su plaza, está la colosal iglesia de La Asunción, que al margen de su poderosa arquitectura, acoge un magnífico retablo del barroco tardío y un órgano perfectamente conservado, a pesar de que tiene su origen en 1.670.

También allí, en Labastida, pululan las posibilidades hoteleras y de restauración, aunque no se puede finalizar el viaje sin probar una comida típica riojana a base de patatas con chorizo y chuletas de cordero a la brasa. Lo encontramos así en Bodegas Zaldívar, una muy antigua bodega medieval empeñada en la tradición, de modo que todo, desde la propia pisada de la uva hasta la finalización de la elaboración de sus preciosos caldos, se lleva a cabo a la manera de los sistemas más antiguos. Allí se pueden ver lagos y depósitos auténticos para la uva en perfecto uso y un par de comedores a la vieja usanza donde saborear lo más auténtico de La Rioja Alavesa, incluidos unos vinos de alta escuela que no comercializan si no es a sus clientes de comedor.

Llegamos al límite de esta comarca vinícola y nos damos cuenta que hemos podido ser testigos de solo una parte de las riquezas de este territorio que vive y sueña con el vino. Habrá que dejar para otra ocasión, ineludible desde luego, el resto de la oferta turística que ofrece esta comarca salpicada de villas de corte medieval en las que se respira aire entrañable y limpio, pero en la que también podemos apreciar un extenso patrimonio natural, o sus vestigios prehistóricos, ya que es una las zonas españolas más ricas en dólmenes y otras muestras de culturas desaparecidas hace miles de años.

Por Jesús Barbero

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