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Reportajes

Rioja Alavesa, tierra de vino… y de sueños turísticos

Zona que desde siempre vio el vino como fuente principal de subsistencia, hoy, la escasa veintena de pueblos que se asientan en ella viven de la comercialización de sus caldos, pero cada vez en mayor medida también del fuerte movimiento turístico que las viñas generan a su alrededor. Cuentan para ello con armas suficientes: villas medievales que han mantenido su belleza y una infraestructura capaz de acoger a los viajeros más exigentes.

19 Enero 2012por Jesús Barbero

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Pórtico de Sta. María de los Reyes, Laguardia

Pórtico de Sta. María de los Reyes, Laguardia

Es todo un descubrimiento. Seguramente no porque sorprenda la calidad de sus vinos, harto conocidos por su excelencia, pero probablemente sí por todo lo que, desde el punto de vista turístico, ofrece esta zona; eso sí, propiciado todo ello precisamente por el fruto de la vid, que es el elemento en torno al que todo el mundo gira y vive aquí.

Estamos hablando, por supuesto, de la zona alavesa de la Denominación de Origen vinícola La Rioja; apenas un tramo de tierra de suelo de 316 kilómetros cuadrados en el sur de la provincia vasca que, casi enclavándose a modo de cuña en la vecina comunidad autónoma de La Rioja, ha conseguido reunir, desde tiempos casi inmemoriables, villas medievales, paisajes excepcionales, historia, arte, cultura, bodegas de todo tipo y condición, confortables alojamientos, relax, restauración que va desde la cocina más tradicional a la más innovadora aportación de los fogones… y desde luego vino, vino en todas las maneras y medidas, vino para todos los gustos y vino que permite fiestas y experiencias inolvidables.

Se trata de una franja de terreno entre el río Ebro y la Sierra de Cantabria, a cuyo abrigo disfruta de un microclima muy especial, similar al más típico mediterráneo de inviernos húmedos y no muy fríos y de veranos secos y calurosos, pese a que, justo a su vera, a solo diez minutos en coche, se sufren temperaturas invernales entre las más gélidas de toda España. La protección que ejerce sobre los fríos vientos del norte la citada cadena montañosa desde una altitud media en torno a los 1.300 metros de altura propicia esas cualidades tan bondadosas, a lo que se une un suelo arcilloso-calcáreo y rojo que, en panorámicas planas, salvo algunas excepciones de cerros de escaso orgullo, conforman los ingredientes más adecuados para cultivar, primero, y elaborar, después, en las condiciones más privilegiadas y adecuadas los caldos que desde antaño le dan un prestigio totalmente merecido.

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