Página 1 de 6 de Edimburgo, un recorrido por la leyenda de los horrores y la muerte

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Es una de las ciudades más bellas y armoniosas de Europa y su construcción sobre siete colinas ofrece perspectivas admirables desde cualquier lugar. Su calle principal, la llamada “Milla Real”, situada entre el palacio de Holyroodhouse y el Castillo, bordeada de iglesias y casas señoriales, resulta impresionante. Además, es una ciudad verde con magníficos jardines y sus museos reúnen obras de Tiziano, Rembrandt y El Greco, de Monet, Turner y Van Gogh. Es más: toda ella es Patrimonio de la Humanidad. Pero los principales protagonistas turísticos en estos días son sus muertos y, en muchos casos, la terrorífica forma en que llegaron a serlo... y cómo aún se quejan de ello.
La capital de Escocia, Edimburgo, parece predestinada a las historias fantásticas. No muy lejos de ella se esconde, desde hace casi 1.500 años, “Nessie”, para algunos el terrible monstruo del lago Ness y, para otros, un posible superviviente de los plesiosauros, de proporciones inimaginables, que ha hecho que miles de personas digan haber escuchado gemidos y gruñidos procedentes de estas aguas dulces. Y tampoco está lejos “Rosslyn Chapel”, la famosísima capilla protagonista del “Código da Vinci” de Dan Brown, que siempre ha estado rodeada de un halo de misterio, mitos y leyendas.
En una ciudad así, tenía que nacer el mago Harry Potter. Su autora, J. K. Rowling, no tenía más que mirar a su alrededor y apreciar la atmósfera, a veces sobrenatural y mística, para encontrar inspiración; de hecho, varios de sus libros los escribió en un café de Nicolson Street, cerca de Canongate, una de las calles que forman la “Royal Mile”.
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