Página 3 de 5 de En busca de los orígenes de Vasco de Gama

Alcácer do Sal
Aquí se suceden playas como la Playa Grande de Porto Covo, rodeada de grandes rocas que la protegen y bañada por un mar de aguas limpias y, a veces, encrespadas, que son muy apreciadas por los surfistas; o la playa de la Isla de Pessegueiro, situada frente a la isla que le da nombre y en la que se encuentran vestigios de una ocupación muy antigua, como una fábrica de salazón de pescado de la época romana. Durante el verano, diversos barcos proporcionan visitas a la isla, atravesando el canal que fue usado como puerto de abrigo por los romanos y cartagineses y que, hoy en día, ofrece excelentes condiciones para la práctica de deportes náuticos como el windsurf, el piragüismo y el submarinismo (este curioso islote, que el rey Felipe II de España y I de Portugal pensó unir al continente, conserva también restos de este sueño real en las ruinas de dos fortines, uno en la isla y otro en la costa); finalmente, la playa de São Torpes, que es una de las mejores para la práctica de surf en la costa portuguesa, y que posee un arenal extenso, en el que sobresalen algunas rocas, y que está bañada por un mar con una temperatura más elevada que sus vecinas. Muy distinta es la pequeña playa de Zambujeira, ceñida entre bellos acantilados, donde se pueden recorrer los senderos que utilizan los pescadores y descubrir la Fuente de los Amores.
Pueblos con sabor
Muy cerca del litoral, se encuentran también pueblos encantadores, con ambiente y personalidad. Es el caso de Vila Nova de Milfontes, en la desembocadura del río Mira; una simpática población que debe mucho de su desarrollo al turismo creciente de los últimos años. Entre su patrimonio, en el centro histórico, destaca la Fortaleza, construida entre 1599 y 1602 para defensa contra los ataques de piratería, la iglesia Madre y el Faro del “Cabo Sardão”, construido a principios de siglo.
Más hacia el norte, sobre la orilla derecha del río Sado y extendiéndose sobre una suave elevación, Alcácer do Sal ha estado poblada desde tiempos remotos. Son prueba de ello los restos arqueológicos encontrados del Neolítico, y también huellas del paso de griegos, fenicios y otros pueblos de la cuenca del Mediterráneo que se sintieron atraídos por su estratégica situación junto al camino de agua que es el río Sado, que facilitaba el transporte de los productos de las tierras del interior hacia otros lugares del Mediterráneo.
Aunque haya perdido su importancia militar y comercial, Alcácer do Sal mantiene intacta su notable belleza. Desde el castillo se divisa, hacia el lado sur, la curva del río Sado, que baña una suave llanura verde, preludio de la gran llanura alentejana. Recientemente recuperado para albergar una de las “Pousadas de Portugal”, ahora tiene el nombre de su conquistador cristiano, D. Afonso II. Desde aquí se pueden observar, hacia los cuatro puntos cardinales, magníficas panorámicas sobre el río y los campos, el palco más adecuado para imaginar el inmenso y variado movimiento que se registraba en el río. Un paseo a pie por Alcácer do Sal revela la parte más encantadora de esta ciudad, con sus calles pequeñas y escalonadas que trepan hacia el castillo.
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