Página 5 de 6 de El Xacobeo arranca su camino

Peregrinos sellando la compostela
Quien llegue a Santiago después de andar El Camino, ya sea en su totalidad o en parte, deberá hacerlo como los antiguos peregrinos, deteniéndose previamente en el Monte del Gozo, a unos tres kilómetros de la ciudad y a 368 m de altitud, desde el que los caminantes contemplaban por primera vez las torres de la catedral compostelana. Pero en cualquier caso, todas las vías llevan hasta la plaza del Obradoiro, centro geográfico y espiritual de esta ciudad milenaria. Si algún sentido tiene esta enorme plaza, sin jardines, ni bares, ni casas, es ensalzar la catedral con su fachada barroca, a la que invita una enorme escalinata. Frente a la Catedral, el Palacio de Raxoi, neoclásico y convertido en Ayuntamiento y Presidencia de la Xunta, el Hostal de los Reyes Católicos, renacentista, y el Colegio de San Jerónimo, con portada románica del siglo XV completan el conjunto.
Puesto que es “Año Xacobeo”, no hay que perder la ocasión de ganarse el Jubileo, un perdón de nuestros pecados que siempre viene bien. Quienes deseen ganar el Jubileo Compostelano deberán cumplir tres obligaciones: la primera, visitar la tumba del Apóstol en la Catedral de Santiago; la segunda, rezar alguna oración y asistir a la Santa Misa en la Catedral, y la tercera, recibir los Sacramentos de la Penitencia y de la Comunión. Pero además, el peregrino que llega a Santiago para ganar el Jubileo suele seguir un ceremonial determinado que consta de cuatro pasos básicos: Entrar por la “Puerta del Obradoiro” y admirar el “Pórtico de la Gloria”, obra cumbre del románico; reflexionar, colocar los cinco dedos la mano derecha (representan las cinco rutas de fe) en la columna del parteluz y pedir una gracia con mucho fervor al Apóstol; ir a la parte posterior del pórtico, frente a la estatua del maestro Mateo, y golpear nuestra cabeza tres veces contra la cabeza de Mateo para que se nos contagie su sabiduría (por ello se le llama el "Santo dos Croques" o "Santo de los Coscorrones"); después, hay que ir ante el Altar Mayor y recordar a todos cuantos nos hayan ayudado en nuestro viaje, antes de asistir a la misa del peregrino, para a continuación subir al Altar Mayor y abrazar al Apóstol desde atrás; el último rito será depositar el sombrero de peregrino en la cabeza del Santo.
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