Página 1 de 10 de Cantabria, posibilidades turísticas… casi infinitas

Universidad Pontificia de Comillas
En cualquier caso, no es cuestión de abarcar mucho y, acaso, disfrutar menos, sino de gozar de verdad, sin prisas, pausadamente, de unas auténticas vacaciones. Por eso, cuando se dispone de un par de días únicamente, apenas un fin de semana, conviene, en el caso de esta comunidad autónoma, con infinidad de recursos de todo tipo para el turismo, ir poco a poco y centrarse en un área, dejando el resto para una segunda y hasta una tercera y cuarta ocasiones, pues esta región, a cada kilómetro que pasa, enseña algo nuevo, agradable y único, a la vez que permite saborear cada color, cada valle, cada playa, cada casona, cada iglesia, cada río o cada manjar de su amplio y variado buen comer.
En esta ocasión, de entre las mil y una zonas interesantes y ricas en disfrute que ofrece la región, hemos optado por la parte más occidental de la comunidad, que da la oportunidad de complacerse casi al unísono de todo lo que de principal reúne Cantabria: mar y montaña, valles y playas, arquitectura y cultura, hoteles, restaurantes, campings, museos, cuevas, gastronomía (fruto tanto del mar como de la tierra ¿hablamos de carnes, de pescados, de mariscos, de quesos, de legumbres, de hortalizas, de orujos, de repostería y de sus innumerables combinaciones?) y sobre todo de colores; de mil colores, sobre el fondo siempre del azul del mar y del verde de su costa e interior.
Estamos, por ello, a la vera de Asturias, justamente encima de las provincias de León y Palencia, allá donde el litoral tiene por capital a San Vicente de la Barquera y donde, apenas a una veintena de kilómetros, el interior y sus montañas tienen su centro más significativo en Potes.
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