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Reportajes

Cantabria, posibilidades turísticas… casi infinitas

14 Agosto 2009por Jesús Barbero

Página 9 de 10 de Cantabria, posibilidades turísticas… casi infinitas

Monasterio de Santo Toribio de Liébana

Monasterio de Santo Toribio de Liébana

Nos queda despedirnos de Cantabria, pues al día siguiente hay que volver al tajo. Por eso, un paseo por el puerto santanderino, una cena en el restaurante El Riojano y al hotel Bahía a dormir, un establecimiento con muy bien ganadas sus cuatro estrellas que rezuma calidad, espacio en sus habitaciones y trato muy profesional. Deberá ser sin duda momento de reposo también cuando tengamos oportunidad de realizar una segunda visita a esta Cantabria que sigue tentándonos con otras zonas no menos atractivas que las reseñadas.

Para otra ocasión nos puede esperar la propia Santander, con su espectacular bahía y entorno natural piden tiempo y reposo para poder extraer algo de su incomparable belleza; o todo el litoral este, con sus puertos pesqueros y su surtido conjunto de largas playas de todo tipo y condición (abiertas, cerradas, agrestes, urbanas o naturales, sobre acantilados o sobre arena blanca, etc.) salpicadas por un montón de campings de alta calidad y abundante oferta de servicios; o todo el interior de los valles pasiegos que recorren ríos y carreteras hasta subir al mismo Escudo, por la que encontraremos verdes en todas sus tonalidades y sobaos, quesadas y vinos que han hecho historia; o… cualquier otra zona de la comunidad, pues en todas ellas se pueden encontrar cuevas de belleza sin par (la comunidad reúne cerca de 6.500, destacando como estandartes, además de la de Altamira, la Cueva del Soplao), campings en incomparables paisajes y con multitud de posibilidades de actividad (hasta una 50 de ellos están repartidos por toda esta geografía), variedad y amplitud de recursos naturales y culturales (su patrimonio histórico-artístico abarca un amplio abanico que se remonta incluso al paleolítico como manifiestan, al margen de su amplio repertorio de cuevas, muestras de la época romana y cántabra, y desde luego la medieval, con numerosos ejemplos del prerrománico, del gótico, renacentista, del barroco, del neoclasicismo, del neomudéjar, del modernismo catalán, etc.) y una cultura gastronómica autóctona para todos los gustos y que está llena de una amplia colección de denominaciones de origen que atestiguan calidad y reconocen la riqueza de sus carnes, de sus quesos, de su pescado, de sus mariscos, de sus orujos, de su repostería (corbatas, quesadas, sobaos pasiegos) o sus conservas. Posibilidades infinitas… o casi.

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