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Reportajes

Cantabria, posibilidades turísticas… casi infinitas

14 Agosto 2009por Jesús Barbero

Página 8 de 10 de Cantabria, posibilidades turísticas… casi infinitas

Hotel Del Oso, en Cosgaya

Hotel Del Oso, en Cosgaya

Monasterio de Santo Toribio, muestra de estilos.

La jornada requiere ya un almuerzo y no pensamos marcharnos de la comarca lebaniega sin probar su apreciado cocido. Así que, tras la rápida visita por algunos típicos pueblos de la zona que rodean el mismísimo Parque Nacional de Picos de Europa, el bello entorno de flores, ríos y jardines en Cosgaya del Hotel Del Oso y su prestigioso restaurante nos animan a hacer parada… y fonda para degustar ese especial cocido lebaniego, elaborado con unos pequeños garbanzos que solo se dan en esta zona, a los que acompañan zancarrón, tocino negro magro, chorizos, huevos, patatas, repollo, miga de pan, fideos y hueso de jamón. Casi nada para una tarde de verano. Y, sin embargo, el cuerpo agradece con gusto el detalle.

Hay que ir pensando en volver a Santander, pues el viaje toca a su fin. Pero antes de despedirnos de esta zona que nos retiene minuto a minuto con sus continuos encantos, es obligado visitar el Monasterio de Santo Toribio, el más antiguo de España con culto de manera ininterrumpida y que protege la reliquia del “Lignum Crucis”, el trozo más grande, según la tradición, de la verdadera cruz en la que murió Jesucristo, entre arquitectura iniciada en la época gótica de 1.256 pero que, gracias a diversas remodelaciones, también conserva ejemplos de otros estilos, como su claustro clasicista, que data de 1.669, o la misma capilla del “Lignum Crucis”, de estilo barroco y construida en 1.700.

En la vuelta, a través de carreteras de media montaña, nos volvemos a topar con el impresionante desfiladero de La Hermida y sus verticalísimas paredes rocosas que aparecen detrás de cada curva, toda una garganta arañada por el cristalino Deva a veces hasta en 600 metros de profundidad. A poco de finalizar el paso por el desfiladero, va volviendo poco a poco el olor a mar y el sol se muestra en todo su esplendor. Desde allí, el camino a Santander se hace rápido, sobre todo en cuanto tomamos la autopista E-70 (A-8), que nos coloca sin sobresaltos en la capital.

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