Página 4 de 10 de Cantabria, posibilidades turísticas… casi infinitas

Valle de Liébana
Y es que, si Cantabria es hermosa en su litoral, como muestran los lujos de Comillas y San Vicente de la Barquera en esta comarca, su interior no le anda a la zaga. Por ello, giramos hacia su interior y en pocos minutos, en menos kilómetros, pasamos del llano del mar y de la playa a los altos de su montaña y a lo hondo de sus encantadores valles, del blanco de las arenas y del azul del mar al rocoso gris o al pardo ocasional de las paredes de su montaña y al verde de sus campos y huertas, del olor marino al aroma que desprende la pausa de huertas y ganadería o el cantarín fluir de agua en continuos cursos y riachuelos.
No tardamos nada en vernos sorprendidos positivamente por la belleza del desfiladero de La Hermida, un sinfín de curvas bajo las paredes de una cordillera que vuelve y revuelve hasta repartir un total de cuatro valles principales surcados en cada caso por continuos y distintos ríos y arroyos que van a parar al Deva, encargado de llevar al mar todo el flujo de la zona.
Conforme avanzamos, siempre vigilados a nuestra derecha por los Picos de Europa, vamos detectando un cambio de clima (menos lluvioso y más templado que fuera de estos valles), o mejor, distintos climas en cada pequeño pueblo y aldea, siempre muy cuidadosos en su arquitectura, limpieza y adorno, donde las flores juegan continuamente con las construcciones de piedra y madera en perfecta armonía y donde se puede adivinar la Cantabria más profunda. Curva sobre curva, hemos entrado en la comarca de Liébana, distinta a cualquier otra de Cantabria precisamente por su peculiar microclima, que da lugar a la vez a una muy particular flora y fauna y también a una gastronomía propia tradicional en la que reinan con sabores especiales sus frutas, verduras, legumbres, los característicos quesos lebaniegos o los jamones y embutidos de cerdo o jabalí, así como sus carnes vacunas, de cordero o de cabrito, sin olvidar por ello sus orujos, al natural o en mil combinaciones y sabores y que son elaborados artesanalmente según tradición de la zona. Mención aparte, desde luego, merece el típico cocido lebaniego.
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