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Sri Lanka, viaje al Paraíso en la Tierra

Por   /   6 octubre, 2020  /   Sin Comentarios

Templo en Dambulla, de Open

Por Enrique Sancho, director de Open Comunicación, compañía especializada en comunicación y marketing.

 

Pocos lugares en el mundo han recibido tantos bellos calificativos como Sri Lanka. Y es que su variedad de paisajes y culturas, las cordialidad de sus gentes de distintas razas y religiones, su extraordinaria riqueza en flora y fauna predisponen a los piropos más encendidos. De hecho, se la conoce, entre otras cosas, como “Perla de Oriente”, “Isla Resplandeciente”, “Paraíso sobre la Tierra” y “Lágrima de la India”.

No obstante, muchos coinciden en que, quizá la más bella de las definiciones sobre Sri Lanka, cuya traducción del cingalés significa “Tierra Santa”, es la que dice que es una prolongación del Paraíso que habitaron Adán y Eva. Y así, tal vez la forma de lágrima de la isla sea consecuencia de la pena de nuestros primeros padres cuando tuvieron que abandonarlo. Porque cuenta la leyenda que, cuando Dios expulsó a Adán del Paraíso y lo condenó a poblar la Tierra, no quiso, en su infinita misericordia, que el contraste fuese especialmente duro para él, y decidió entonces depositarlo en uno de los montes más altos de Sri Lanka. Elefantes en Sri Lanka, de OpenAllí, sin duda, encontraría muchos elementos comunes con el Paraíso perdido y su desgracia sería más llevadera.

Lo cierto es que no sabemos muy bien cómo era aquel Paraíso, pero desde luego Sri Lanka es un lugar en el que se entremezclan altas montañas con valles frondosos y playas inmaculadas, en el que ríos, cascadas y lagos combinan con enormes arrozales o plantaciones de té, en el que leopardos, elefantes y caimanes conviven con mariposas, palmeras y orquídeas. Un lugar en el que son posibles todos los contrastes y despuntan todas las bellezas no debió parecerle mal a Adán. Y aunque se supone que Eva era más exigente, también ella debió sentirse satisfecha. No hay que olvidar que Sri Lanka es también el paraíso para todo tipo de serpientes; y Eva se llevaba bien con ellas.

La realidad es que, hoy, uno de los lugares más característicos de la isla es justamente el llamado “Pico de Adán”, una montaña de más de 2.200 metros de altitud y considerada sagrada por las cuatro religiones que conviven en armonía en la antigua Ceylán. Sin embargo, independientemente de cualquiera que sea la creencia, para todos el “Pico de Adán” es sobre todo un símbolo de lo que Sri Lanka es y de lo que quiere seguir siendo en el futuro. Eso sí, en la tortuosa subida a lo alto del pico, cada peregrino debe cumplir sus ritos, pero nadie debe preguntar cuánto falta para la cumbre y, Ciudadano de Sri Lanka, de Openen cambio, el único saludo que todos (budistas, hindúes, musulmanes, cristianos…) repiten es una palabra en cingalés, “karunavai”, que significa paz.

Paz. Esa es la palabra y ese es el mensaje. Las gentes de Sri Lanka rebosan paz. Se nota en sus rostros apacibles, en sus gestos calmados, en su cordialidad al acoger a los extraños. El mérito es sin duda de ellos, pero algo debe de pesar el vivir en la réplica más parecida al Paraíso, donde todos los dones de la naturaleza parecen haberse desbordado en extraña armonía. Y por lo tanto no es extraño que este pequeño país, de apenas 435 kilómetros de largo y 225 de ancho, haya recibido calificativos tan hermosos y piropos tan exaltados. Cuando se recorre de arriba abajo y cuando se descubren sus múltiples bellezas, se comprende que no son nada exagerados.

Recorriendo la isla

La primera impresión de la isla que suele recibir el viajero es a través de Colombo, la capital. Pero ésa es, casi siempre, una falsa impresión. Como todas las ciudades orientales, Colombo es una acumulación de contrastes: Busy street en Colonbo, de Openmodernos y gigantescos hoteles junto a mansiones coloniales, centros comerciales y abarrotados bazares, jóvenes con vaqueros y mujeres con los tradicionales “sarongs”, enormes atascos de tráfico y habilidosos “rikshas” a pedales…

El centro de Colombo se denomina “Fuerte”, como herencia del primer puesto avanzado que, primero portugueses y luego holandeses, construyeron allí. De hecho, es en esta zona donde se encuentra la mayor parte de los restos coloniales, siendo seguramente el más representativo el Lighthouse Clock Tower, que hacía las veces de faro y reloj en el centro de la ciudad. No obstante, hay más cosas que ver en la capital, incluyendo el propio fuerte y el Dutch Hospital, el antiguo complejo del hospital construido por los colonos holandeses y convertido hoy en una animada zona de ocio Estatuas en Colombo, de Openy restauración, donde se encuentran algunos de los restaurantes más famosos de la ciudad. Y no muy lejos, hacia el sur, se encuentra el fuerte y ciudadela de Galle, declarado “Patrimonio de la Humanidad” por la UNESCO.

Esa es la parte más antigua, pero hay tantas maravillas esperando en el resto de la isla que no vale la pena dedicarle demasiado tiempo.

Subida a Sigiriya

En ese sentido, uno de los primeros lugares históricos que el viajero visita es Sigiriya, una antigua ciudadela del siglo V edificada en lo alto de un enorme peñazo que se eleva casi 200 metros sobre las frondosas selvas. El sitio tiene algo de sobrenatural y fue seguramente ese aspecto y su indudable posición estratégica lo que llevó al rey Kasyapa a construir ahí su fortaleza. Así, merece la pena el esfuerzo que supone la subida a Sigiriya, Frescos de Sigiriya, de Opensi bien no es apta para gente con problemas físicos o que padezca vértigo, pues no solo hay que superar más de 2.000 escalones, sino que, además, en ocasiones las estrechas escaleras y pasarelas están instaladas sobre el vertiginoso abismo.

En la primera etapa de la ascensión se pueden contemplar los bellísimos frescos denominados las “doncellas” o “apsara de Sigiriya”, que muestra hermosas mujeres con los pechos desnudos que parecen surgir de las nubes (poseen pechos perfectos, redondos, altivos, sonrosados, quizá demasiado perfectos para ser reales). Actualmente se conservan admirablemente 19 de ellas, aunque parece que llegó a haber más de 500: las que ahora vemos no han perdido, a pesar del paso de 1.500 años, ni un ápice de su gracia, de su esbeltez, de la perfección casi irreal que consiguió plasmar en ellas el pincel anónimo al que hoy debemos su deliciosa contemplación.

A continuación, y antes de acometer la definitiva subida a la cumbre de Sigiriya, hay una amplia explanada con alguna sombra y una magnífica panorámica. Subida en Sirigiya, de OpenY hay también un pequeño quiosco de bebidas muy solicitado y que debe ser uno de los mejores negocios de la isla; tanto que la concesión se reparte entre treinta familias de la zona que explotan la venta de bebidas frías cada día (uno al mes cada familia).

En cualquier caso, quienes visitan Sigiriya buscando la mejor foto no pueden dejar este lugar sin visitar el monte de Pidurangala. Situado a unos metros de Sigiriya, ofrece una vista tan impresionante como inolvidable para aquellos que acepten el reto de la subida. Se accede por un pequeño templo budista, desde donde se puede continuar el ascenso hasta la cima por una escalinata de piedra mientras uno está rodeado de la exuberante naturaleza selvática de esta zona de la isla.

Dambulla y Polonnaruwa

A pocos kilómetros de Sigiriya se encuentra Dambulla; y otra vez una roca es la protagonista del lugar. Se trata de una mole gigantesca que forma un profundo pliegue y en cuyo hueco hay cinco grandes cavernas que acogen verdaderas “capillas sixtinas” dedicadas a Buda. En las paredes de las mismas hay decenas de estatuas que lo representan en distintas posturas, destacando un enorme Buda tumbado de 14 metros de largo esculpido en la roca, aunque lo más espectacular es el techo, en el que cientos de retratos de Buda contemplan al viajero. Dambulla, de OpenSu perfección y colorido sólo son superados por la armonía con que se adaptan a las formas de la bóveda, de modo que parece un enorme tapiz suspendido.

El recorrido por los restos más antiguos de Sri Lanka sigue hacia Polonnaruwa, que constituye el mejor complejo artístico de toda la isla. Fue la segunda capital del reino entre los siglos XI y XII y expresa lo mejor de la cultura cingalesa, con las más exquisitas de sus realizaciones artísticas. Y en esa línea, al sur de la ciudad se encuentra el gran lago artificial llamado “Parakrama Samudra”, obra maestra del gran Parakramabahu I, un genio de la ingeniería hidráulica y de irrigación que sembró el país de lagos y presas artificiales, muchos aún en funcionamiento. Suya es la frase que hoy repiten políticos de distinto pelaje: “Que no llegue al mar una sola gota de agua sin haber servido antes al hombre”.

El diente sagrado de Buda

Aunque hay todavía mucho que ver en la vieja Ceylán, es hora de abandonar los antiguos lugares arqueológicos y sumergirse en el Sri Lanka de hoy, Kandy, de Openen sus gentes y sus paisajes; y es ahí donde el viajero encontrará las mayores sorpresas.

Desde la llanura, donde se encuentra el Triángulo Cultural, comienza la ascensión hacia las verdes montañas, y la primera escala es Kandy, centro de la cultura tradicional y situada en un marco de gran belleza. Es la más hermosa y sagrada ciudad de Sri Lanka, entre otras cosas porque aquí se venera la antigua reliquia del diente de Buda, que llegó prendido en el pelo de la princesa india de Orissan y cuyo templo ha sido engrandecido por los distintos reyes y mandatarios de la isla. Eso sí, curiosamente, la reliquia más venerada por millones de budistas no ha sido vista por casi nadie, ya que lo que ven en realidad, tras una verja dorada y una mesa de plata, Imagen de Buda, de Openes un relicario de plata dorada que encierra consecutivamente a otros seis, que van reduciendo su tamaño, todos de oro puro y piedras preciosas, hasta que, en el más pequeño, se encuentra el sagrado diente. Una pequeña reliquia que despierta tanto fervor que, entre julio y agosto, cada año se celebra un festival en su honor. Y así, cada tarde, durante los diez días de duración del Esala Perahera, la reliquia deja su lugar en el templo para recorrer las calles de Kandy acompañada por elefantes engalanados, acróbatas y músicos tradicionales que llenan de luz y color las calles de la ciudad.

Montañas verdes de té y playas

Tras esta visita, es ya el momento de entrar en contacto con lo que ha hecho famoso Montes de té verde, de Opena Ceylán en el mundo y lo que da lugar a algunos de sus mejores paisajes: las montañas verdes del té.

Lo cierto es que pocas cosas superan la belleza de una plantación de té cuando las primeras luces de la mañana iluminan las brillantes y verdes hojas de este precioso arbusto, mientras decenas de mujeres vestidas con coloridos atuendos y con grandes cestos de mimbre a la espalda, sujetos por una correa a la frente, recogen cuidadosamente dos hojas y un capullo de cada brote (solo con ellos es posible elaborar el mejor té del mundo).

Y luego, es preciso también saltar de la montaña al mar. Y en el Sur se encuentran las mejores, y también la más variadas, playas del país, tal vez las más bellas del mundo. Pescadores sobre palos, de OpenSon limpias, salvajes y de una arena amarilla que contrasta con la vegetación que llega hasta el borde mismo del agua. No falta nada para que el paisaje sea idílico, sobre todo porque buena parte del litoral está desierto o, como mucho, poblado por extraños pescadores sobre zancos que, semidesnudos, pasan horas subidos a postes verticales anclados en medio del mar con una pequeña caña con la que tratan de pescar los diminutos peces de la orilla.

Sin embargo, no menos apetecibles resultan las playas de la costa Este, ideales durante los meses de verano, cuando el monzón se traslada a la región occidental de la isla. Se trata de una zona costera que, aunque menos conocida, resulta también uno de los lugares donde más se puede apreciar la mezcla de culturas y religiones, pues el predominio de la población hindú tiene su reflejo en la arquitectura y templos. Playa de Sri Lanka, de OpenAmplias playas donde practicar “snorkel” o disfrutar de los más bonitos amaneceres, e incluso se pueden avistar ballenas que pasan por las costas de Sri Lanka cada año entre junio y octubre.

En cualquier caso, hay que tener presente que el mejor punto final de la visita a esta tierra fascinante es una puesta de sol sobre alguna de las playas del Oeste, con los últimos rayos jugueteando con las palmeras y el mar rompiendo sobre su orilla. Contemplando tanta belleza, uno vuelve a pensar en Adán y cree que, después de todo, no debió pasarlo tan mal al abandonar un paraíso para encontrarse con este otro.

Viaje para no perderse nada

Sri Lanka es un país fascinante y seguro que tiene casi la mitad de población que España (21.670.000 habitantes). Y para descubrir la diversidad de paisajes y experiencias que esta isla ofrece, lo mejor es hacerlo con un especialista, como la agencia Arenatours, experta en la zona y que también organiza viajes combinados con India, Maldivas, Myanmar y otros. Entre sus distintas propuestas, destaca el tour “Maravillas de Sri Lanka y playas del Este”, Tren en Sri lanka, de Openque durante 12 días/11 noches permite descubrir los principales atractivos de la isla, como Polonnaruwa, Dambulla, la fortaleza de Sigiriya, el fuerte de Galle, declarado “Patrimonio de la Humanidad” por la UNESCO, Colombo, la costa Sur y los pescadores «empalados» de Weligama, el Parque Nacional de Udawalawe, hogar de grandes manadas de elefantes, Kandy y las plantaciones de té que se extienden desde Ella a Nuwara Eliya; y mucho más para dedicar los tres últimos días a descansar en Passikudah, conocida por su amplia playa y sus aguas color turquesa.

El viaje, que incluye los vuelos, alojamiento y media pensión, todos los traslados en vehículo privado, excursiones y entradas, guía de habla inglesa, seguro médico y tasas cuesta a partir de 2.160 euros, pero también puede hacerse una oferta e itinerario personalizado.

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