Página 1 de 2 de De la navegación a la indagación con Internet
José Enebral
Hay, desde luego, otras fuentes de información, pero Internet resulta casi siempre inexcusable en algún momento del proceso de aprendizaje permanente y de la indagación en profundidad.
Puede que, tan necesitados de información y conocimiento, debamos, en Internet, pasar de la navegación a la indagación más penetrante, en busca de detalles, conexiones y descubrimientos que satisfagan nuestras inquietudes y necesidades. Hemos de superar la tendencia a dar carpetazo prematuro a nuestras búsquedas y sucumbir al efecto “Zeigarnik”, porque cada día aparece nueva información sobre cada tema.
El pasado 17 de mayo se celebraba el “Día Mundial de Internet”, y parece oportuno recordar que tenemos, a mano y en verdad, un tesoro de información que no aprovechamos debidamente. Hablamos mucho de la Sociedad de la Información, pero quizá pensamos más en la informática que en la información, y al hablar de Internet, tal como hicimos en el acto a que fui invitado en el Senado, se acaba aludiendo a menudo a las redes sociales, a la propiedad intelectual o a las páginas menos recomendables.
Pero hablamos algo menos, quizá, de la emergente “Economía del Conocimiento”, especie de álter ego de la Sociedad de la Información: la economía que nos mueve al lifelong learning y la innovación. Hemos de traducir siempre, eso sí, con rigor y detenimiento la información disponible, ya sea digital o impresa, a conocimiento valioso y aplicable, porque un falso aprendizaje podría resultar peor que la ignorancia.
En cualquier caso, al margen de otras fuentes de información, Internet resulta inexcusable como manantial en el que beber en algún momento del proceso de aprendizaje permanente. En su uso, debemos pasar de la búsqueda al descubrimiento; hemos de navegar con propósito indagatorio, con una dosis de sagacidad. No deberíamos precipitar el cierre de cada búsqueda ni dar por satisfecho el afán de saber, porque la información sobre cada tema se multiplica periódicamente y además surgen conexiones interesantes que no deberíamos ignorar.
Este columnista lleva años procurándose información en la Red sobre casos de innovación empresarial, además de hacerlo paralelamente sobre otros temas de interés en cada momento, en mi trabajo de consultor de formación. Creo recordar que uno de los primeros casos que estudié en Internet fue el del “walkman” de Sony. Al documentarme, descubrí un empresario ejemplar y extraordinariamente intuitivo, Masaru Ibuka, cofundador, con Akio Morita, de Totsuko (luego Sony). Por ahí conecté con la denominada miniaturización japonesa traída por aquellos transistores que, en los años 50, empezaron a sustituir a las válvulas de vacío de aquellos primeros aparatos de radio y televisión.
Observé que Ibuka se “encontró” con el walkman, como se había encontrado muchos años antes con el transistor en un viaje a EEUU: por casualidad. Pero no pasó de largo, sino que supo intuitivamente que había algo detrás; que podía aprovechar aquello con éxito. Con visible dosis de casualidad-serendipidad han surgido grandes avances técnicos y científicos, como el horno de microondas, el velcro, el teflón, el caucho vulcanizado, el pegamento de cianoacrilato, las vacunas, la penicilina, la aspirina…
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