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Becarios en empresas

Por   /   26 noviembre, 2019  /   Sin Comentarios

Por Universitat Oberta de Cataluña (UOC).

 

España es, junto con Eslovenia, el país de la Unión Europea (UE) con un porcentaje más elevado de prácticas después de los estudios, ya que prácticamente un 67% de los estudiantes las hacen.

En ese sentido, según datos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), prácticamente 3 de cada 10 estudiantes en prácticas acaban formando parte de la plantilla de la empresa donde han hecho sus prácticas. Un Becario en prácticas, de Pixabaydato desde luego muy poco positivo, porque implica que nada menos que 7 de cada 10 no se acaban insertando en el mercado laboral una vez terminadas las prácticas.

Lo cierto es que se calcula que en España hay unos 70.000 becarios, que son los que reciben algún tipo de remuneración, puesto que el 58% de los alumnos en prácticas en el Estado no percibe ninguna remuneración, según el informe “The experience of traineeships in the EU” (“La experiencia de los becarios en la Unión Europea”), publicado por la Comisión Europea. Un informe que también destaca que el 28% de los becarios españoles hace dos estancias de prácticas.

En esa dinámica, no puede olvidarse que el reto principal del becario es que la empresa termine contratándolo e integrándolo en su plantilla. Y para conseguirlo, no solo deberá desarrollar correctamente las tareas encomendadas, sino que además deberá tener en cuenta otros factores, muchos de ellos intangibles.

Según Eva Rimbau, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC y experta en recursos humanos, en esa línea, “es importante desarrollar una buena relación con el supervisor y con todas las personas de la empresa con las que se interactúa, a fin de conseguir integrarse en el equipo y, sobre todo, generar una red futura. Además, asimismo son también destacables, sobre todo al principio, otros factores. Y es que, para formar parte de la cultura corporativa, se deben respetar los códigos de vestuario, el tiempo asignado a las pausas para las comidas y el tiempo establecido para los descansos, la política sobre el correo electrónico, las llamadas telefónicas y el uso de Internet, porque su desconocimiento puede provocar situaciones incómodas. No obstante, también es relevante pedir la opinión sobre las tareas desarrolladas al responsable como muestra de interés, así como abordar tareas fáciles y repetitivas con entusiasmo. Pero, sobre todo, la regla más importante es trabajar y tener paciencia. La oportunidad acabará llegando”.

Con todo ello, como apunta Ana Gálvez, profesora del máster de Empleo y Mercado de Trabajo: Intervención y Coaching en el Ámbito Laboral, de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, “los aprendizajes que ha de haber adquirido el estudiante cuando completa su estancia en la empresa son adaptabilidad, autonomía bajo la dirección de otra persona, trabajo en equipo, organización, responsabilidad, iniciativa, capacidad de aprendizaje y planificación”.

Derechos de los becarios: un laberinto normativo

La realidad es que la figura del becario está presente hoy en día en la mayoría de empresas, pero sabemos muy poco de sus derechos y deberes.

Un auténtico laberinto normativo. Así define Comisiones Obreras (CCOO), en la segunda edición de su informe “Aprendices, becarios y trabajo precario”, la regulación que recoge todo lo relativo a becarios y estudiantes en prácticas en nuestro país.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que, en primer lugar, y debido a una diferencia fundamental con el personal laboral, los trabajadores en plantilla se rigen por un convenio laboral, mientras que las funciones, los horarios, las vacaciones o la remuneración de los becarios dependen del convenio exclusivo que haya firmado con la universidad o el centro docente del que depende la empresa donde el becario desarrollará sus tareas.

Al respecto, es preciso señalar que cada convenio tiene sus peculiaridades y muchos ya establecen unas condiciones que pueden significar una precarización del trabajo del becario. En otros casos, el problema no proviene de las condiciones del convenio, sino de la ausencia de las mismas: un convenio muy abierto y en el que no se regulan detalladamente las tareas y funciones del becario deja en manos de la empresa la iniciativa en este sentido, y es cuando pueden producirse abusos.

El falso becario

Según Pere Vidal, profesor de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC y experto en derecho del trabajador, excepto para los denominados becarios de investigación, “no hay ninguna regulación legal sobre las condiciones de trabajo del becario. Y todo lo que tiene que ver con su horario o con si su trabajo será retribuido o no, se regula en el convenio que se redacta entre las empresas o instituciones vinculantes. En cualquier caso, y en cuanto al horario, es importante destacar que deberá permitir compatibilizar los estudios con las prácticas porque si una jornada se parece a una jornada laboral habitual de unas 40 horas semanales, nos podemos encontrar ante un indicio de `falso becario´: el becario no ocupa un puesto estructural en la empresa y, por este motivo, su trabajo no se puede imputar a la cuenta de resultados de esta.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que los convenios son lo más parecido a un contrato laboral, puesto que en ellos se regulan todas las pautas de relación del becario con la empresa, como el horario, las labores que desarrollará, qué tutor lo acompañará, la duración que tendrá la beca, si se adquirirá una certificación o qué cobertura de accidentes se contrata. Pero no hay que olvidar que la beca no está considerada una relación laboral, porque no existe un contrato laboral ni estipula un sueldo. Y Vidal también señala que la rescisión de las prácticas (si es con preaviso o no y de qué manera se comunica) también se ha de regular en el convenio y siempre se debe informar a todas las partes, tanto al becario como a la universidad o al centro docente.

Por otro lado, y aunque disfrutar de una beca para hacer prácticas no implica una relación laboral, según el informe “Aprendices, becarios y trabajo precario”, el acuerdo de diálogo social para la reforma de la Seguridad Social que en 2011 firmaron las organizaciones sindicales, las organizaciones empresariales y el Gobierno reconoció un nuevo derecho con el que se garantiza la cotización a la Seguridad Social durante el tiempo que se participa en un programa de formación vinculado a estudios universitarios o de formación profesional que incluya prácticas, siempre que esté financiado por cualquier entidad u organismo público y que comporte una contraprestación económica.

Incentivos fiscales para las empresas

Por último, conviene recordar que el informe explica con todo detalle los tipos de prácticas que existen hoy en día, y enumera hasta once modalidades diferentes, la normativa aplicable, qué información mínima debe contener el convenio, qué derechos tiene la representación legal de los trabajadores si quiere defender al becario o al estudiante en prácticas y qué beneficios económicos obtiene la empresa por la contratación de becarios o de personal en prácticas. Y sobre este último punto, el informe incide en la idea de que el beneficiario del trabajo del becario no es solo el becario, que tiene la oportunidad de acceder al mundo laboral, sino también la empresa, que obtiene ventajas fiscales por su incorporación.

En cualquier caso, el informe también advierte de que, a pesar de la cantidad de normativas y decretos existentes, falta todavía un estatuto de la persona en prácticas que recoja todos sus derechos y vele por los mismos. El último gobierno del Partido Popular (PP) anunció una medida de estas características, pero la iniciativa no se materializó. Así, en este momento, la resolución de conflictos entre becario y empresa se basa en la jurisprudencia debido a esta dispersión y falta de concreción de la regulación.

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Sobre el autor

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