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El cloud, opción óptima para todas las empresas

Por   /   17 julio, 2015  /   Sin Comentarios

Mathilde Tijero, de OVHPor Matilde Tijero, Country Manager de OVH, Firma especializada en soluciones de cloud computing.

 

El “cloud computing”, o computación en la “nube”, es un nuevo modelo de prestación de servicios tecnológicos basado en el pago por uso, como ocurre con el suministro de electricidad, agua o gas. En un modelo basado íntegramente en la “nube”, el usuario no necesita tener infraestructuras propias (de hardware o software); le basta con disponer de un buen acceso a Internet y un dispositivo personal, que puede ser un smartphone, una tableta o un portátil, para tener acceso universal a las aplicaciones de trabajo y de negocio, a la información y a los datos, en cualquier momento y desde cualquier lugar. Además, los proveedores de “cloud” se ocupan de la gestión y el mantenimiento de los sistemas, su actualización, la disponibilidad y seguridad de la información, su almacenamiento y las copias de seguridad. El sistema es totalmente flexible y se dimensiona de acuerdo con las necesidades del negocio.

A la pregunta de a quién puede serle útil el “cloud”, la respuesta es sencilla: a todo el mundo que necesite la informática en su actividad empresarial, independientemente del tamaño de la organización.

Entonces, ¿por qué no crece su uso a un ritmo acelerado? Pues por varios motivos: desconocimiento, prevención, desconfianza, contar ya con infraestructuras propias, miedo a sacar la información de casa… Pero a pesar de estos frenos, cada día son más las empresas de cualquier tamaño que migran a la “nube”, muchas de ellas buscando soluciones híbridas basadas en sistema propios “in-house” y otros en el modelo “Digital as a Service” de pago por uso.

Lo cierto es que el “cloud” es la mejor opción, tanto para la empresa que da sus primeros pasos como para la que necesita actualizar sus infraestructuras, ofreciendo la oportunidad de comenzar el negocio como nativo digital o de abordar su transformación digital para disponer de las últimas tecnologías. En cualquier caso, el “cloud” es algo con lo que convivimos desde hace años. Google y sus servicios son el ejemplo más claro.

Normalmente, una pequeña empresa define su infraestructura informática en torno a un servidor, a una red local y a un acceso a Internet. A este despliegue, hay que añadir las diferentes soluciones de trabajo y de negocio, que tendrá que adquirir y actualizar regularmente. Además, necesitará un proveedor que se encargue de mantener los sistemas, de que no falle la red, de gestionar los “backups” y de resolver cualquier incidencia, evitando que se pierdan los datos. La suma de todo ello supondrá una inversión inicial relevante y unos costes recurrentes también significativos, a los que hay que añadir la necesaria renovación periódica de los equipos que se vayan quedando anticuados, sin olvidar que la falta de flexibilidad conlleva unos costes de crecimiento nada desdeñables.

Frente a este modelo, quien opte por una solución “cloud” solo tendrá que elegir un modelo de servidor con unos servicios y consumos determinados, cuyo coste mensual es reducido, y pagar por el uso de las aplicaciones que requiere su actividad. Además, en función de sus necesidades, podrá aumentar o reducir la capacidad contratada en apenas unos minutos sin perder oportunidades de negocio o gastar más de lo necesario. Y el equipo humano podrá trabajar allá donde disponga de acceso a Internet. Todo lo demás queda en manos del proveedor “cloud”.

El “cloud” le permite acceder, por otra parte, a un catálogo de servicios estandarizados capaces de dar respuesta a las necesidades de su negocio de forma flexible y adaptativa, en caso de fluctuaciones imprevistas en la demanda o de picos de trabajo, pagando únicamente por el consumo efectuado. Y posibilita definir identidades y niveles de acceso a las aplicaciones y los datos, mejorar y simplificar los servicios de correo y promover la colaboración entre los diferentes equipos de trabajo, proveedores y clientes.

Empresas en nube, de PixabayLa computación en “nube” se apoya sobre una infraestructura tecnológica dinámica que se caracteriza por su alto grado de automatización, una rápida movilización de los recursos, una elevada capacidad de adaptación para atender una demanda variable, una virtualización avanzada y un precio flexible en función del consumo realizado, evitando además la piratería y el uso fraudulento del software.

Más en concreto, entre las mejoras y beneficios que aporta el “cloud” destacan los siguientes:

Agilidad: Capacidad del proveedor para ofrecer mejores recursos tecnológicos al usuario.

Coste: Un modelo de “cloud” público convierte los gastos de capital en gastos de funcionamiento.

Escalabilidad y elasticidad: Aprovisionamiento de recursos por autoservicio, casi en tiempo real y sin que los usuarios tengan que gestionar los picos de carga.

Movilidad: La independencia del dispositivo y la ubicación permiten a los usuarios acceder a los sistemas utilizando un navegador web, en cualquier momento y lugar.

Rendimiento: Los sistemas en la “nube” controlan y optimizan el uso de los recursos de manera automática. Esto aporta transparencia tanto al consumidor como al proveedor de servicios.

Seguridad: El “cloud” suele tener una seguridad equivalente o mejor que los sistemas tradicionales porque los proveedores tienen la capacidad de dedicar recursos a solucionar los problemas de seguridad que muchos clientes no pueden permitirse el lujo de abordar.

Mantenimiento: El mantenimiento de las aplicaciones de “cloud computing” es más sencillo, ya que no necesitan instalarse en el ordenador de cada usuario y se puede acceder a ellas desde cualquier lugar.

En definitiva, es evidente que el “cloud” es, en la mayoría de los casos, la mejor opción, la más sensata y la más económica, y así lo están entendiendo las empresas.

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Sobre el autor

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