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Morosidad, el principal azote de la pymes en España

Por   /   21 marzo, 2014  /   Sin Comentarios

Por Geseme Legal, unidad de negocio gestión de cobros y prevención de rotura de tesorería de Geseme, firma especializada en prevención de seguridad, higiene industrial, ergonomía-psicología y medicina del trabajo.

 

Cada día, decenas de pequeñas y medianas empresas acaban en quiebra en toda Europa porque no les han pagado sus facturas a tiempo. Los retrasos en el cobro de facturas suponen un alto coste para las empresas, aunque no todas las pymes son conscientes del coste que representa el hecho de que un cliente no pague a tiempo.

Morosidad para pymes, de Free DownloadEn concreto en España, una de cada tres pymes cierra cada año por problemas de liquidez derivados del retraso en el cobro de sus facturas, y de hecho en los últimos años más de 60.000 de este tipo de compañías han cerrado a causa de la morosidad, destruyendo con ello más de 600.000 puestos de trabajo.

Que un cliente no realice sus pagos, para la empresa supone una falta de liquidez, y es posible que para conseguir recuperar este dinero la empresa acuda a pedir algún tipo de crédito, lo que implica un coste adicional, a la vez que la compañía puede perder oportunidades de trabajar con otros clientes que sí que pagarían, y por lo tanto limita sus oportunidades de crecimiento. Adicionalmente, en muchos casos existe un miedo a crecer como empresa para no agrandar aún más el problema de la morosidad. A todo esto hay que añadir los impuestos y la obligatoriedad de pagarlos trimestralmente, con independencia de que se haya cobrado o no la factura, y se le ha de sumar las nóminas de los trabajadores en plantilla, algo que puede suponer un problema ante la falta de liquidez causada por la morosidad de los clientes. A la vez, también existe un importante riesgo de perder proveedores a los que la empresa no puede pagar a tiempo como consecuencia de su falta de liquidez.

Lo cierto es que, en los tiempos de crisis que corren, las empresas luchan para conseguir más tiempo a la hora de hacer pagos en efectivo. Y en ese contexto muchas pymes se ven incitadas a utilizar los plazos de pago a  los proveedores como sustitutos de los créditos bancarios. Aún y así, la morosidad bancaria sigue creciendo y se sitúa en un 13%, que si se traduce a números exactos, equivalen a 192.000 millones de euros que los bancos no recuperan, según datos del Banco de España.

Por tanto, es un hecho que la morosidad es un problema de gran magnitud para todas las pymes de España, hasta el punto que la misma es la primera preocupación para el 50% de las pequeñas y medianas organizaciones españolas, conforme detalla el estudio de Sage “Radiografía de las Pymes 2013”.

La cuestión es que el pago aplazado siempre ha existido en el tráfico mercantil, hasta el punto que se da por hecho que el pago aplazado es un fenómeno intrínseco de la actividad empresarial. El problema llega cuando, en los últimos tiempos, se ha producido un alargamiento excesivo de los plazos de pago, que acaba derivando en un incumplimiento del pago y que se ha traducido en una cultura de morosidad muy extendida en España. No hay que olvidar que somos el país de toda la Comunidad Europea con mayor premeditación a la hora de no pagar las facturas y retrasar los plazos de los pagos.

Aún así, se estima que el 90% de la gente quiere pagar; tienen ganas de cumplir. Lo que hay que hacer es ayudarles a que puedan cumplir.

La clave: “Deuda Joven”

Ante tal panorama, es evidente que se deben tomar cartas en el asunto por el bien financiero de la empresa. Y en ese sentido en Geseme Legal estimamos que la clave es actuar lo más rápido que sea posible, ya que si las deudas son inferiores a 2 meses el éxito de cobro de esa deuda se produce en un 87% de los casos; pero si, por el contrario, las deudas son de más de 6 meses, se reduce el porcentaje al 50%. Es lo que conocemos como “Deuda Joven”. Cuánto antes decides actuar, mejor se puede prevenir la morosidad.

Por otro lado, la empresa a la que le deben dinero tiene que procurar que su deuda sea una deuda que esté presente en el listado de deudas del deudor, de modo que no «quede en el olvido», puesto que está demostrado que, cuanto más antigua sea esta deuda, menores posibilidades habrá de cobrarla. Por ello, es importante que esta tarea se deje en manos de profesionales que se dediquen a trabajar activamente con el objetivo de que la deuda sea lo más baja y joven posible. Confiar en un equipo especializado que lleve el control y el seguimiento necesario de la morosidad de los clientes puede ser la mejor solución para  muchas pymes que no cuentan con un departamento dedicado a los impagos y que deben dedicar sus esfuerzos a su actividad principal.

Es preciso considerar que, hoy en día, muchas empresas trabajan con márgenes de beneficio muy reducidos. Si el margen de beneficio de una empresa es de un 10%, y esa misma empresa acumula un porcentaje de morosidad de un 10% sobre el total facturado, el margen de beneficio es absorbido y anulado por el margen de deuda no cobrada a su vencimiento, Una deuda que, cuanto más tiempo pase, mayores posibilidades tendrá de convertirse en impago y, por lo tanto, en pérdidas. Hay que destacar en este sentido que cuando la deuda se convierte ya en algo «antiguo» se considera un impago, más que una deuda, y por tanto recuperar ese dinero es mucho más complicado. Por eso, el objetivo primordial debe ser mantener y estabilizar las deudas dentro de los márgenes de «deuda joven», ya que es mucho más sencillo conseguir el cobro. 

La importancia de mantener el cliente

Por otro lado, uno de los principales miedos de muchos empresarios es tener que reclamar ese pago que no se ha realizado por temor a que se puedan romper las relaciones y perder a un cliente potencial. Para ello, es importante que el equipo profesional que se dedique a trabajar en la recuperación de los impagos entienda la importancia que tiene cada cliente y su relación con el deudor sea siempre con un trato correcto, con estricta confidencialidad y con grandes dosis de ética profesional.

Se ha de tener en cuenta que lo más importante es no perder la relación con ese cliente y que el mayor activo con el que cuenta hoy en día cualquier empresa son sus clientes, sean o no morosos. Y a través de insistencia, negociación y comprensión se consigue acelerar y recuperar los impagos, a la vez que se mantienen abiertas las relaciones con el cliente.

Imagen cortesía de Pixomar / FreeDigitalPhotos.net

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Sobre el autor

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