27 Julio 2010por José Ángel Sánchez Asiaín. Presidente de COTEC, fundación dedicada al fomento de la innovación en España
Página 1 de 3 de Decálogo de retos para la competitividad española vía la innovación (*)

Mesa presidencial de Cotec
Hace ya muchos años que el mensaje que Cotec ha venido transmitiendo, constantemente ha sido la importancia del conocimiento como recurso fundamental para la sostenibilidad de nuestra economía. Así lo hemos hecho en años en los que, afortunadamente, no existían dudas sobre la capacidad de crecimiento de nuestra economía. Y lo hacemos, ahora, cuando es difícil crecer y cuando la crisis ha puesto de manifiesto las carencias estructurales que venimos denunciando.
Los efectos de la crisis han puesto en primer plano que la utilización de “cualquier tipo” de conocimiento, es decir, la innovación “en su sentido más amplio”, constituye ya la fuente de valor añadido más sostenible. Y así es para todos los sectores productivos, tanto para los manufactureros como para los de servicios. Y así es para los sectores avanzados y también para los tradicionales. Porque ese nuevo concepto de “innovación en su sentido amplio” es, en estos momentos, el motor de todas las nuevas estrategias que en el mundo se están diseñando para cuando la crisis sea superada.
Durante estos pasados años de bonanza, y en relación con los indicadores que determinan la competitividad de un país, sólo conseguimos mejorar y alcanzar niveles aceptables en los índices que reflejan los condicionantes básicos de la competitividad, como son, la eficiencia de las instituciones, la calidad de las infraestructuras o la estabilidad macroeconómica. Pero no se comportaron de esta manera los indicadores que reflejan nuestra capacidad de utilización del conocimiento, como son, entre otros, las relaciones entre la empresa y la universidad, la excelencia profesional de ingenieros y científicos o el gasto empresarial en I+D, que, al final, son los que determinan la productividad que, en un país como el nuestro, constituye el principal componente de la competitividad.
Hoy, seguimos teniendo un sistema de innovación mucho menor del que necesitamos. Por supuesto, veníamos de una situación realmente deficiente y es evidente que desde entonces nos hemos esforzado mucho, pero tenemos que preguntarnos si hemos sido capaces de aprovechar para nuestro sistema de innovación todo el potencial de crecimiento que la situación más desahogada de nuestra economía nos permitía, para convertirlo en el verdadero motor de la competitividad de nuestro país, que es lo que ahora necesitamos urgentemente.
En todo caso, de lo que sí podemos estar seguros es que no podemos permitirnos de ninguna manera dejar de avanzar, ni mucho menos retroceder. Y de que, pese a la crisis, es absolutamente imprescindible conseguir que nuestro sistema de innovación permanezca en la senda de crecimiento que ya estaba sólidamente establecida. Lo que, por otra parte, es la única vía para convertir la innovación en ese verdadero motor de la competitividad de nuestro país a la que aspiramos.
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