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Elegir el momento adecuado para presentar concurso de acreedores

Por   /   8 julio, 2013  /   Sin Comentarios

Por Russell Bedford, red internacional de firmas independientes de auditoría, consultoría y asesoramiento legal y fiscal.

Elegir mejor momento para concurso acreedoresLa crisis económica ha elevado de manera exponencial la declaración de concursos de acreedores en toda España, que se han multiplicado por más de cuatro en solo cinco años, hasta el punto de que desde el comienzo de la crisis más de 30.000 empresas han caído en esta situación.

Las grandes compañías son las que cuentan con más recursos para evitar situaciones límite como el concurso de acreedores, pero no es así en el caso de muchas pymes, en las que la persona que lleva las cuentas suele coincidir con su propietario o administrador. Esto propicia que, para cuando ya se han detectado los problemas, apenas haya margen para actuar. Con todo, cabe señalar que el concurso de acreedores no tiene por qué suponer el final de la empresa si, entre otras medidas, se ha solicitado en el plazo legal fijado.

Desde luego, las empresa más afectadas por esta realidad son las pymes, sobre todo aquellas que facturan menos de 2 millones de euros anuales, ya que suponen el 69% del total.

Sin embargo, muchas de ellas podrían haber evitado la declaración de insolvencia si hubieran llevado sus cuentas al día para mover ficha antes de que fuera demasiado tarde.

Los administradores deben llevar al día las cuentas de la empresa y, en cuanto detecten problemas, dejarse asesorar para evitar una situación de quiebra, o al menos evitar la responsabilidad civil a la que se pueden enfrentar en un concurso de acreedores. Este matiz es muy importante, ya que el retraso en su solicitud reduce las posibilidades de evitar la desaparición de la empresa. De hecho, el 90% de las sociedades se disuelven por demorar el proceso.

En ese sentido, hay que tener en cuenta que La Ley Concursal fija los supuestos en los que una empresa se encuentra en un estado de insolvencia. Aunque son varios los motivos que pueden conducir a esta situación financiera comprometida, la insolvencia es un hecho cuando se acumulan tres o más meses sin realizar el pago de impuestos, cuotas a la seguridad social o salarios e indemnizaciones de los trabajadores. Basta con incumplir alguna de estas obligaciones para ser insolvente.

A partir de ahí, es obligatorio declarar el concurso voluntario en los dos meses siguientes, aunque aquellas sociedades que tengan un problema de endeudamiento pueden solicitar el preconcurso de acreedores para renegociar los créditos y así aplazar el concurso (artículo 5Bis de la Ley Concursal). Si la empresa afectada no toma la iniciativa, pueden hacerlo sus acreedores.

Principales medidas para evitar el concurso

Sin embargo, antes de llegar a esta situación, se pueden tomar medidas que eviten o aminoren las consecuencias del concurso. En un decálogo elaborado por Russell Bedford se señalan las diez más importantes, entre las que destacan llevar una contabilidad ordenada (revisar las cuentas mensualmente, no cada año) y adecuar la estructura de la empresa a su realidad y necesidades para ganar en eficiencia.

1.- Ordenar las cuentas es algo más que pagar impuestos. Uno de los problemas más comunes de las empresas es el descuido de sus cuentas. La mayoría no hacen un seguimiento mensual de su contabilidad y solo la revisan al final del ejercicio, cuando tienen que calcular sus pagos a Hacienda. Es muy importante que la empresa sepa en todo momento en qué estado se encuentran sus finanzas (patrimonio, rentabilidad, tesorería, etc.).

2.- Hacer un escáner completo de la situación de la empresa. Al contrario de lo que sucede en las grandes compañías, que cuentan con departamentos dedicados al seguimiento de sus finanzas, las pymes no saben hacer un diagnóstico exhaustivo de las cuentas porque carecen de recursos para ello. Lo más conveniente en este sentido es consultar a asesores económicos y legales para prevenir una posible insolvencia. También es aconsejable realizar un plan de tesorería para saber la cuantía de los ingresos, en qué se pueden gastar y hasta cuándo se puede pagar a proveedores y acreedores. Esto permitirá anticiparse varios meses a una posible insolvencia, tiempo suficiente para tomar las medidas necesarias.

3.- Podar antes de cortar el tronco. El símil de la poda de árboles es muy acertado en este decálogo, ya que muchas empresas acaban cerrando por no haber realizado ajustes de gastos previamente. La reducción de costes va desde prescindir de gastos corrientes innecesarios hasta llevar a cabo una regulación de empleo, pasando por el cierre de oficinas. En este punto es preferible asumir que no se puede pagar a una parte de la plantilla que no pagar a nadie.

4.- Menos estructura y más eficiente. Para su correcto funcionamiento, una empresa necesita contar con los departamentos imprescindibles y que mejor se adaptan a su actividad. Además, al frente de estas áreas deben estar las personas más cualificadas, lo que implica prescindir de gestores poco formados que basan su gestión en la intuición.

5.- Un negocio atractivo siempre atrae socios. La falta de financiación ha llevado a un gran número de empresas a buscar inversores interesados en participar en el capital. Para conseguirlo, tanto la actividad como el plan de negocio de la compañía deben ser atractivos y ofrecer un escenario de rentabilidad a medio plazo. El respaldo de uno o varios socios siempre es una garantía a la hora de negociar con bancos y acreedores.

6.- No crecer con el dinero de otros. El error que cometen numerosas sociedades es crecer a base de endeudarse. Esto era posible antes de la crisis gracias al bajo coste y la abundancia de crédito, pero la actual situación ha demostrado que muchos empresarios vivían por encima de sus posibilidades.

7.- Si el negocio es viable, hay que comunicarlo. Tan importante como ser viable es demostrarlo. Para ello es aconsejable elaborar un plan de viabilidad a aquellas empresas que tengan previstas dificultades financieras en los próximos meses y exponer con total transparencia ese plan a sus acreedores.

8.- Dar la cara ante los acreedores. La mayoría de las empresas tienen cuatro tipos de acreedores: los trabajadores, los proveedores, las administraciones públicas (Hacienda y la Seguridad Social) y las entidades financieras. Aunque todos son importantes, cada compañía, en función de sus intereses, deberá priorizar, sin olvidar a ninguno de ellos, a cuáles de ellos paga con más diligencia. Solo dando la cara ante los acreedores se podrán alcanzar acuerdos que permitan la supervivencia, ya que ninguno está interesado en perder clientes.

9.- No vivir ahogados. Una vez establecida la prioridad de pago entre acreedores, el paso siguiente es fijar los plazos. Si la empresa no puede pagar de forma inmediata, deberá negociar con los acreedores un calendario. En general, teniendo en cuenta la crisis actual, los acreedores suelen aceptar que la empresa pague a un año, ya que si reclaman por vía judicial la espera será mayor. Esto permite a la compañía sanear sus cuentas con más holgura. Sin embargo, si la ampliación del plazo no es suficiente, lo más correcto será solicitar el concurso de acreedores.

10.- El concurso no es el fin. Ningún empresario quiere añadir a su currículum la solicitud de un concurso de acreedores, dado el estigma social y empresarial que ello supone. Sin embargo, el concurso es un procedimiento legal obligatorio creado precisamente para que las empresas refloten su negocio a través de una negociación con sus acreedores, aunque, sin adoptar las medidas anteriormente expuestas, la empresa entrará en liquidación de todas formas.

Imagen cortesía de cooldesign/ FreeDigitalPhotos.net

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