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Pruebe a ser más eficiente, igual…

Por   /   2 octubre, 2012  /   Sin Comentarios

Eficiencia empresarial

De una crisis nunca se ha salido airoso; quiero decir, sin dejar demasiados “muertos”, con únicamente de políticas de recortes. Y es claro, permítanme el símil, salir de un agujero donde hemos caído, administrando la comida que nos queda esperando a que alguien nos saque como única solución.

Sin embargo, lo más probable es que, si queremos tener una oportunidad, intentemos salir por nuestra propia cuenta utilizando los medios que tengamos a mano, con la mayor creatividad posible y probando diferentes formas de actuación. Si por el contrario tomamos la decisión de racionar nuestra comida y esperar a que alguien de buen corazón (o no) nos saque, estamos poniendo nuestro futuro en sus manos, con todo lo que eso supone.

Comento esto porque, en mi opinión, se están tomando decisiones y estableciendo políticas no sé si denominarlas “inadecuadas”, pero sí claramente insuficientes, en las empresas en particular y en la sociedad en general. Se habla de la necesidad de recortar  y no dudo que sea así, pero creo que el problema de España no es tanto una cuestión de sobregasto como de “eficiencia”.

Como todos saben, la eficiencia consiste en un parámetro que pretende conseguir los mismos o mejores resultados con menos recursos. Entonces, si estimamos que queremos ser eficientes o más eficientes ¿no  nos deberemos fijar en procesos, personas, objetivos para establecer dónde y cómo actuar para mejorar el funcionamiento? La eficiencia es la capacidad que reside en el talento en la empresa, por lo que exportar, ignorar, suprimir o no retener talento va en contra de políticas de solución de problemas a esta crisis. La eficiencia supone la necesidad de la inversión necesaria, y este es un aspecto que no se quiere tocar por lo comentado anteriormente, el miedo, pero sobretodo porque dudamos de nuestra capacidad como organización para conseguir ser más eficientes.

Como ejemplo, veo, no sin cierto estupor, cómo muchas organizaciones prescinden de sus mejores empleados con criterios meramente economicistas, cuando en realidad están echando por la ventana las posibles soluciones a muchos de sus problemas. Los criterios que deben imperar en las decisiones empresariales no pueden ser otros que los relacionados con la eficiencia y plantearse qué podemos conseguir con los recursos que disponemos para generar rentabilidad y valor en los clientes (no solo los que consumen o comparan nuestros productos y/o servicios, sino también de la empresa, trabajadores, accionistas y de la propia comunidad de la que la compañía obtiene sus resultados).

Todos conocemos empresas que están desinvirtiendo en publicidad, atención al cliente, redes comerciales, marketing online, planes de fidelización, recursos humanos; en fin, en todo lo que creen o consideran un gasto. Y esto sucede porque en realidad son incapaces de rentabilizarlo: no consiguen convertirlo en inversión.

Una crisis de estas dimensiones, con una perspectiva a corto exclusivamente por parte de la dirección de la empresa, con una referencia únicamente basada en afectar lo menos posible el ROE (rentabilidad financiera para accionistas), creo que es una gestión de la crisis que parchea la situación de la empresa, pero que niega cualquier futuro próspero a esta organización. La mejor manera de mejorar la retribución de los accionistas es precisamente consiguiendo un ROI (rentabilidad económica) mayor, y el único camino que se me antoja que dirige a esta meta es la eficiencia.

Toda crisis genera oportunidades, y es el talento organizacional el que ha de detectar estas oportunidades, adaptar la organización para su posterior explotación y, cuando esta oportunidad desaparezca, habrá de reiniciar el ciclo. El problema es fundamentalmente que, en épocas de bonanza, las organizaciones se vuelven cómodas, no comercializan, sino que “despachan productos o servicios”, y el nivel de exigencia es bajo para alcanzar buenos resultados. Pero es en estos momentos difíciles cuando se pone a prueba la competitividad de las organizaciones, cuando se muestra la capacidad de cambio y adaptación al medio, cuando se pone a prueba la solvencia profesional de los directivos, en particular ,y la capacidad de la organización, en general.

Por lo tanto, me gustaría concluir, manteniendo mi convencimiento de pensar que no se ha definido de manera adecuada el problema raíz en esta crisis, que tratan de superarla atacando al síntoma, el gasto, olvidando las posibilidades que puede generar la inversión; se plantean que todo irá mejor con menos (estrategia defensiva), cuando lo importante es que todo funcione mejor (estrategia eficiente). La empresa en España tiene un problema de eficiencia que, junto al miedo que acarrea un entorno hostil, está provocando un desprendimiento del talento que poseemos, con lo que entramos en un bucle que será difícil de cerrar. No se centre en el recorte, céntrese en la eficiencia.

Por Rafael Cera, Proveedor de Competitividad para empresas (@rafacera)

Imagen cortesía de jscreationzs/ FreeDigitalPhotos.net

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Sobre el autor

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