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Trabajadoras y madres, un equilibrio emocional difícil

Por   /   20 marzo, 2020  /   Sin Comentarios

Por Verónica Rodríguez de Orellana, Directora de Coaching Club, Centro de gestión emocional y coaching grupal.

 

Las mujeres ocupan desde luego un lugar clave en la vida de las empresas. No, no todas consiguen llegar a cargos directivos (tampoco todas los desean), pero sí es claro que contribuyen a formar equipos de trabajo más heterogéneos y diversos. En cualquier caso, aquellas de ellas que son madres se replantean su lugar en el mundo del trabajo: sienten que no van a poder desempeñar bien ambos roles. De manera que muchas, en la primera etapa de vida de sus hijos, eligen una mayor dedicación a ellos y, una vez que crecen, deciden invertir nuevamente en el desarrollo profesional.

En ese sentido, cuando cuentan con el apoyo de sus parejas, muchas mujeres buscan trabajar fuera del mundo corporativo para ganar mayor flexibilidad horaria, mientras que otras, por necesidad, Madre y trabajadora, de Pixabayvocación o motivación personal, toman el reto de equilibrar su carrera profesional en una compañía con su rol de madres.

Al respecto, hay que tener en cuenta que el amor y el trabajo son dos pilares fundamentales para la salud mental de todo ser humano. Sabemos de la importante función del amor en la evolución de la humanidad, pero también del trabajo en el hecho de vincular al individuo con la realidad. Y las mujeres están en busca de un equilibrio entre ambos pilares. De modo que poder apoyarse en la pareja, en la empresa, en la familia y, en definitiva, en la ayuda “extra” es fundamental para que las madres encuentren bienestar y satisfacción.

En ese objetivo, no pretender ser siempre las mejores madres, organizadoras de la casa, profesionales o esposas es una buena fórmula para equilibrar todas las variables. Pero la realidad es que no hay una respuesta exacta. Todas las mujeres son distintas, ni mejores ni peores, sólo distintas, y la clave está en el autoconocimiento y la capacidad de poder conectarse con el propio deseo. Por supuesto, toda decisión conlleva una renuncia y muchas no podrán, por ejemplo, ir a buscar a sus hijos todos los días al colegio (tal vez, ni lo deseen), pero sí sentirán que están presentes al 100% al volver a casa. Entre tanto, otras no podrán ser directoras ni llevar una gran retribución a la casa, pero sí podrán tener un trabajo que les permita pasar más tiempo con los hijos.

Lo cierto es que ya muchas empresas están colaborando para hacer la vida más fácil a las madres que apuestan por el mundo corporativo, e incorporan buenas prácticas para alcanzar una mejor conciliación entre la vida laboral y familiar de sus empleados. Así, las guarderías, las políticas de “home office”, las licencias extendidas, etc., hacen que muchas de las mujeres transiten los primeros años de vida de los hijos con más tranquilidad.

En ese caso, las organizaciones que adoptaron estas políticas confirman que el resultado se traduce en empleados más motivados, comprometidos y con un alto rendimiento. Es un camino que empieza a vislumbrarse como posible para las empresas y que siembra el valor del cuidado de las personas como el principal capital de las mismas.

La cara menos amable de la moneda

España es un país donde ha crecido mucho el emprendimiento y gran parte de este crecimiento está relacionada con el perfil de la «emprendedora forzosa», caracterizado por una madre de familia o bien una jefa de hogar monoparental que ha decidido crear su propio modo de vida ante la imposibilidad de encontrar trabajo asalariado. Pero también se detecta que el nacimiento de nuevas autónomas, emprendedoras que se lanzan a la aventura de crear su empleo, ha venido emparejado con el incremento de consultas relacionadas con el estrés y otros problemas vinculados a la gestión emocional derivados de esta actividad.

Porque la realidad es que nadie ha preparado emocionalmente a estas audaces para la montaña rusa de tribulaciones y dificultades a la que se van a enfrentar, y surge por tanto la pregunta de ¿qué tipo de conciliación podrá llegar a tener esta madre? Hay que tener en cuenta que obsesionarse con la búsqueda de clientes, conseguir salir adelante día tras día, la exposición a la que se encuentran sometidas, la cantidad de horas de trabajo, la gestión de conflictos, los picos de aumento y disminución repentina del volumen de trabajo, el cobro del trabajo y la eterna sensación de que nunca nada es suficiente son factores, entre otros, que afectan a la gestión emocional de una madre emprendedora y, aunque no está clasificado con ninguna patología, lo cierto es que es algo que afecta a 9 de cada 10 autónomas.

En relación a ello conviene apuntar que esta hiperconectividad es la cara menos amable y que arroja nada más ni nada menos que síntomas como: hiperconectividad (pendientes en todo momento del móvil y el correo laboral redes sociales, etc.); cambios bruscos de humor; sentimiento de inestabilidad e incertidumbre; dificultad para disfrutar y desconectar; intenso sentido del deber e hiperesoponsabilidad; sueño disruptivo; y conflictos con la pareja a causa de la poca disponibilidad.

Frente a ello, la manera de superar esto pasa por: separar lo urgente de lo prioritario; aprender a gestionar la incertidumbre a través de alguna herramienta de gestión emocional; buscar una hora del día para dedicársela a uno mismo; estar atento a las necesidades personales; y no saltarse las comidas ni los momentos de actividad física, como tampoco los momentos importantes con la familia o los hijos.

En esa misma línea, apoyar a una madre que comienza a emprender requiere comprender que, si bien se empieza con una gran dosis de ilusión y confianza personal, la inversión de tiempo, de formación, de dinero, etc. será muy ardua y habrá momentos en dónde la incertidumbre y los temores se pongan de manifiesto para los emprendedores. Y en ese sentido, la familia y la pareja son unos aliados excelentes para una emprendedora, sobre todo para ayudar a poner un límite claro y afectivo entre el deber, el placer y la convivencia.

En definitiva, hay que enseñar a las emprendedoras a que respeten sus tiempos personales, a gestionar sus emociones y a no comprar el discurso del líder que puede con todo y a toda hora. Un emprendedora y además madre no deja de ser alguien que debe manejar múltiples herramientas (finanzas, logística, atención al cliente, cobros…) y ser un todo terreno en un país en dónde no se pone fácil el camino a quien desea emprender, y mucho menos a una madre.

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Sobre el autor

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