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Basilea III: un paso para adelante y dos para atrás

Por   /   13 febrero, 2013  /   Sin Comentarios

Anna Downarowick de SIAG ConsultingPor Anna Downarowicz, PhD Credito Risk Expert de SIAG Consulting, grupo de profesionales expertos en consultoría financiera y tecnologias de la información.

 

El Comité de Basilea acaba de revisar la definición de los estándares de liquidez del “Acuerdo de Basilea III” establecidos con el fin de asegurar una mejor liquidez de los bancos y evitar las futuras crisis de liquidez.

Antes de que comenzara la crisis de crédito, los bancos disponían de un fácil acceso a diferentes formas de financiación y a coste muy bajo. Sin embargo, el cambio brusco en las condiciones de mercado hizo que la liquidez se evaporara de manera dramática, dejando el sistema bancario en estado de estrés severo durante un largo periodo de tiempo. Esta situación requirió la intervención de los bancos centrales a nivel global para asegurar tanto el funcionamiento del mercado monetario como, en algunos casos, hasta la supervivencia de entidades financieras individuales.

Para evitar situaciones similares en el futuro y promover una mejor gestión de riesgo de liquidez, en “Basilea III” por primera vez se proponía introducir, junto con los requerimientos de capital, los estándares armonizados de liquidez necesarios para asegurar la estabilidad del sistema financiero. Como una de las medidas, el regulador requería a los bancos mantener un adecuado ratio de cobertura de liquidez (LCR) y disponer de un nivel suficiente de activos de superior calidad crediticia y altamente líquidos para poder hacer frente a periodos de estrés a corto plazo (30 días) e inesperados problemas de financiación, retiradas de depósitos o líneas de crédito.

En la versión original de la regulación, entre los Activos Líquidos de Alta Calidad (HQLA, por sus siglas en inglés) en el cálculo de LCR se incluía principalmente el efectivo y la deuda soberana. Mientras, incluir los instrumentos de deuda soberana entre los HQLA ya podía ser discutible, teniendo en la memoria los recientes acontecimientos con la deuda griega o de otros países bajo el “Programa de Ajuste”, el último cambio en la definición del LCR por parte del Comité de Basilea parece ser un error grave. En la reciente modificación de la definición de este ratio, que tiene como objetivo asegurar que los bancos dispongan de suficientes activos altamente líquidos para sobrevivir un periodo de estrés severo, se incluyen los instrumentos de titulización garantizados por las hipotecas residenciales (RMBS) junto con los bonos corporativos y equities.

Es sorprendente esta decisión de una institución reguladora que en su propio documento define los HQLA como aquellos que pueden ser convertidos en efectivo de manera fácil e inmediata en mercados privados. Es de conocimiento común la total falta de liquidez de los activos garantizados por hipotecas “mortgage-backed securities” (MBS) durante la crisis financiera, cuando tanto las emisiones nuevas como el mercado secundario se encontraron prácticamente congelados. El mismo Banco Central Europeo sitúa este tipo de instrumentos en la categoría más baja de liquidez de todos los activos elegibles como colateral válido en las operaciones de la política monetaria. Sorprende así que el Comité de Basilea, cuyo principal mandato es velar por la estabilidad del sistema financiero, por un lado establezca los requerimientos comunes de liquidez para evitar las crisis futuras y, casi de inmediato, los modifique incluyendo entre los HQLA los instrumentos que han demostrado históricamente carecer de liquidez en momentos de tensión en los mercados.

A la luz de la difícil situación que está atravesando en la actualidad el sector bancario se puede considerar sensata la decisión del regulador de posponer la fecha de entrada en vigor de LCR hasta el año 2019, dejando a los bancos cuatro años más para su plena implantación. Igualmente se ve positiva la flexibilidad en la aplicación de LCR en los países con sistemas bancarios en condiciones de estrés. Sin embargo, es altamente discutible la inclusión de instrumentos estructurados entre los HQLA para asegurar el nivel de liquidez adecuado. Precisamente, dada la rapidez con la que la crisis de crédito del 2008 se convirtió en la crisis de liquidez, la introducción de requerimientos de liquidez adecuados era la principal mejora de “Basilea III” con respecto a la versión anterior del reglamento.

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