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Líderes en pymes y líderes en grandes empresas

Por   /   25 abril, 2019  /   Sin Comentarios

Gonzalo Martínez de Miguel, de InfovaPor Gonzalo Martínez de Miguel, Director general de Infova, Compañía española especializada en formación y desarrollo de talento directivo.

 

Las pequeñas y medianas empresas son más flexibles a la hora de realizar el trabajo, también suelen tener menos procedimientos y las comunicaciones y las relaciones entre los profesionales que la forman son más cercanas que en las grandes compañías. Pero también es verdad que los momentos difíciles que pueden atravesar o las posibles tensiones económicas repercuten mucho antes en los empleados en una pyme: en este tipo de compañías el jefe está más cerca de su plantilla, y que el mismo sea un buen líder es una verdadera necesidad.

Esta afirmación parece obvia, pero los estudios sobre calidad directiva que realizamos nos dicen que, aunque tienen algunos comportamientos y hábitos directivos más indeseables desde el punto de vista ético y de convivencia en general, las grandes organizaciones tienen mejor calidad directiva que las pymes. Y la razón radica en que sus responsables suelen tener menos oportunidades de seguir formándose una vez que están al frente de la firma, mientras que las grandes invierten más en la formación de sus mandos.

Lo cierto es que el hecho de liderar, entendido como la capacidad de influir en otras personas para que elijan hacer lo correcto, es común en una pyme y en una gran empresa, y la base de dirección de personas, gestión de conflictos, comunicación interpersonal, persuasión, madurez personal, etc. es la misma. Pero, mientras que los directivos de las grandes entidades tienen que aprender a moverse en la red que suponen las estructuras matriciales, con dobles y triples niveles de reporte, aprender los juegos políticos y de poder, convivir con los procedimientos y rituales corporativos, trabajar en equipos mixtos con profesionales de diferentes departamentos, donde la jerarquía es difusa, equipos deslocalizados en diferentes ciudades o países, donde frecuentemente el idioma de trabajo, además del español, es el inglés y hay grandes exigencias de planificación, las pymes, por el contrario, exigen a los directivos otro tipo de capacidades.

No hay que olvidar que, en una pyme, el impacto del trabajo de un directivo se ve rápidamente en la cuenta de resultados, para bien y para mal; no hay recovecos en la estructura organizativa donde esconderse, por lo que la responsabilidad se tiene frecuentemente sobre procesos completos. No hay tampoco ni tanta política ni tanto juego de jerarquías, sino que hay estructuras menos sofisticadas, más claras y fáciles de entender. Así, en general, las pequeñas compañías son organizaciones más humanas en las que se cruzan las relaciones personales con las profesionales con más facilidad. De este modo, mientras en las grandes organizaciones la labor del directivo es más reconocida por la sociedad, en las pymes los empleados son los primeros en reconocer la calidad directiva de sus jefes, y cuando éstos realizan un buen trabajo, los usan como modelo de comportamiento.

De ahí que tener un buen líder es lo mejor que le puede pasar a una pyme, puesto que los colaboradores mejor dirigidos producen mejores resultados. Y es que la formación en liderazgo permite a los jefes hacer crecer a los empleados, comunicar mejor, gestionar con más facilidad los conflictos, mantener la serenidad ante la incertidumbre, etc.

Lo cierto es que todos los empleados se merecen un buen líder al frente. Hasta el punto de que los trabajadores convencidos de que están siendo mal dirigidos deberían buscar otro empleo, puesto que conformarse con trabajar con un mal líder es un error.

En cualquier caso, es preciso tener claro que la esencia del liderazgo no consiste en hablar idiomas, saber muchas finanzas, ser un gran negociador o un gran comunicador. Líder de pyme, de PixabayAntes bien, la esencia de liderazgo tiene que ver con la vocación de ser ejemplo, con la integridad, con un carácter sólido, con la capacidad para superar la adversidad y levantarse después de un fracaso y con la madurez personal. Y esto funciona tanto en la gran corporación como en una pyme.

No obstante, la realidad es que los buenos líderes han sido siempre una minoría. Hay muchos jefes y muchísimos jefecillos, pero de ahí a ser un buen líder hay una gran diferencia. Y desde luego, los mejores son los que tienen conciencia de que deben de ser un referente para el resto del grupo y tienen claro que dirigir es servir. Entre tanto, los jefes mal encarados, que van por la empresa dando voces y dejando claro que ellos son los que mandan, pueden dirigir, pero desde luego no lideran.

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Sobre el autor

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