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El economista que regresó a Babel

Por   /   21 junio, 2016  /   Sin Comentarios

Portada de El economista que regresó a BabelAutor: Eduardo José Menéndez Alonso.
Editorial: Ediciones Pirámide (Colección “Empresa y Gestión”) 2016.

 

Moverse en el proceloso mar de las finanzas siempre resulta complicado, pero es especialmente problemático (y peligroso sobre todo para quienes quieran invertir) si no se dominan adecuadamente los términos habitualmente utilizados en el entorno o por sus especialistas; términos, que son múltiples, incomprensibles, equívocos y de paradójico significado en multitud de ocasiones, hasta el punto de que suponen una auténtica Babel irreconocible.

¿Sabe usted, por ejemplo, lo que significa realmente en una conversación financiera la palabra perro? ¿Y tigre, gato, ciervo, oso, dingoo, bulldog, factor canino, caballo, chicharro, ratón, oso, vaca, mula, ciervo, alce, lemming, cerdito, tigre, canguros, león, antílope, elefante, camaleón, murciélago, tiburón, águila y un largo etcétera de nombres de animales?

Y fuera del mundo de la zoología, ¿conoce lo que verdaderamente implican conceptos relacionados con el fraude contable y financiero como, entre varias decenas más, “pump and dump”, “short and distort”, “insider trading”, “insider dealing”, “bluffing”, spamming”, “churning”, “parking deal”, “tunneling” o “propping”?

¿Domina acaso todo un juego de expresiones fúnebres con acepciones particulares en el escenario financiero como “cementerios de elefantes”, “cadáveres”, “lapidas Doji”, “enterrar la evidencia”, “espiral de muerte”, “estrella de la muerte”, “zoombies”, “cláusula de manos muertas”, “píldora venenosa”, “valle de la muerte”, “ahorcado”, “lápidas funerarias”, “esquela financiera”?

¿Está familiarizado con la amplia relación de refranes bursátiles con que se comunican los profesionales?

¿Comprende las mil y una formas que hay para referirse a las acciones, como “wallflower”, “turkey”, “acciones de viudas y huérfanos, “lemmon”, “air pocket”, “yo-yo-stocks”, “cyclical stocks”, “bellwethwer”….?

¿Entiende algo cuando alguien hace alusión en lenguaje financiero a distintos personajes históricos o de ficción como cuando se habla de pistolero, “cowboy marketers”, “Ícaro”, “Omaha”, “Aquiles”, “Ave Fénix”, “gnomo de Zurich”, “Leprechaun”, “hora de las brujas”, “Lady Godiva”, “Lady Macbetch”, “caballero blanco”, “caballero negro”, “ninja”, “samurái”, “bella durmiente”, “rana encantada”, “síndrome de Cenicienta”, “pitufo”, “sombrerero loco”, “Doctor Jekyll”, “Mister Hyde”, “rally de Santa Claus”, “Don Tancredo”, “angel bond” y otros muchos?

¿Está informado sobre las decenas de maneras que hay para referirse a la renta fija? ¿Y del significado en finanzas de conceptos de la psicología como “exceso de confianza”, “sesgo doméstico”, “ilusiones monetarias”, “sesgo de representatividad”, “disonancia cognitiva”, “sentimiento de orgullo”, “efecto punto muerto”, “sesgo retrospectivo”, “heurística del afecto”, “efecto bandweagon”?.

¿Está preparado de verdad incluso para los interminables eufemismos que se emplean como desaceleración, ralentización económica, ajuste temporal, brotes verdes, corrección técnica, redimensionamiento, ajustes de valoración, ejercicios de saneamiento de balance, regularización de activos, banco malo, vehículos para la reestructuración de los activos bancarios, riesgo de subestándar, corralito, oxímoron, amortización negativa, “negative equityrescate”, agujero,? ¿O para el léxico particularísimo que se maneja en la refinanciación empresarial?

Probablemente no esté versado en la mayoría de todo esto y mucho más que todavía hay. Y es por lo que, en la labor de paliar esa ininteligibilidad, este libro del profesor de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad de Oviedo Eduardo José Menéndez Alonso constituye todo un ensayo esclarecedor (no solo para los no iniciados sino también para muchos profesionales de la materia) sobre la jerga de las finanzas. Un lenguaje en realidad plagado de referencias a muy distintas cosas y ámbitos, como se ha apuntado.

Viene a cubrir así este volumen una carencia al respecto de la que no sobra bibliografía que contemple y aborde acertadamente esta realidad, de modo que muestra también las peculiaridades de este lenguaje, lo que constituye un elemento esencial para reforzar la educación financiera y permite una mejor comprensión del funcionamiento de los mercados financieros y del sistema bancario; algo indispensable para quien tenga inquietud por los temas financieros o pretenda maniobrar en el mundo de las finanzas

Así, en distintos capítulos, la obra va sucesivamente detallando y explicando al respecto las referencias zoológicas, los términos relacionados con el fraude contable y financiero, las referencias fúnebres, el refranero bursátil, las mil y una formas de denominar a las acciones según sean y evolucionen, la utilización de expresiones del mundo del deporte, la alusión a personajes históricos o de ficción, la maneras de referirse a la renta fija, las falsas apariencias o “menos mal que es fija”, la irrupción de los términos psicológicos, el empleo de eufemismos en finanzas, el léxico particular de la refinanciación empresarial, los acrónimos que con bastante frecuencia se usan, etc. Pero además, el volumen concluye con un Anexo que aglutina el más de medio millar de términos utilizados a lo largo del texto.

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Sobre el autor

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