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2019: ¿El año de inflexión en la inversión en I+D+i?

Por   /   4 febrero, 2019  /   Sin Comentarios

Por Laura Delgado, Socia Directora de Ayming, Firma consultora especializada en “business performance”.

 

No es un secreto que la evolución de la inversión en I+D+i en España no va al ritmo que en el resto de Europa. Mientras en la Unión Europea el incremento de la inversión del sector público ha crecido año tras año, en España ha recorrido el camino inverso, pasando del 0,25% del PIB en 2008 al 0,21% en 2017. Y en el caso de la inversión privada, la situación se repite, aunque de un modo más contenido, pues, en el mismo periodo, la inversión empresarial ha pasado del 0,74% del PIB a un 0,66%, Investigación e innovación, de Pixabaycon lo que continúa por debajo de la media de los países de la UE, que se sitúa en el 1,32% del PIB.

En cualquier caso, según el último “Informe Cotec sobre la Situación de la I+D+i en España”, el empuje del sector privado es el que ha conseguido compensar, de algún modo, la escasa inversión pública durante estos años. No obstante, la realidad es que este esfuerzo no resulta suficiente para poner freno a la caída en la inversión destinada a I+D+i. De ese modo, la falta de inversión privada representa todo un reto para las políticas públicas, al ser las administraciones las responsables de sentar las bases del entorno.

Eso sí, 2019 da síntomas de comenzar con buenas noticias en esta materia. Así, durante la presentación del proyecto de los Presupuestos Generales del Estado de este nuevo año, la ministra de Hacienda confirmó el incremento en más de un 5% de la partida destinada a I+D+i respecto a los presupuestos del año anterior. Así, la cifra total de inversión supera los 6.700 millones de euros, casi 400 millones más que en 2018.

Ante estas cifras, parece que el cambio político puede resultar, al menos de momento, positivo en los proyectos empresariales de I+D+i. Los datos conocidos nos acercan a la previsión de inversión del 2% del PIB sugerido por la Unión Europea para 2020, que España aceptó y para el que nos encontramos en plena cuenta atrás. Sin embargo, la realidad es otra: nuestro país todavía está lejos de alcanzar las inversiones que realizan otros países, que, en muchos casos, superan la cifra que España aspira a alcanzar.

Pero lo cierto es que la innovación es la clave para aumentar la competitividad de las empresas y generar bienestar social. Innovar requiere una inversión por parte del tejido empresarial, aunque también representa un riesgo, especialmente para las empresas que no disponen de los recursos necesarios. Es aquí donde entran en juego las políticas fiscales.

En ese sentido, es preciso reseñar que, en general, se puede afirmar que los incentivos fiscales generan un efecto positivo en cuanto a inversión en I+D+i se refiere, y así lo demuestran estudios comparativos con otros países de la OCDE. Sin embargo, desde el Gobierno se defiende la incoherencia de incentivar ciertas actividades mediante deducciones, a pesar de que en otros países que se aplica este mecanismo son un ejemplo de que realmente funciona y que resulta una vía útil. Y es que, pese al posicionamiento de la Administración Central, las deducciones forman parte de las principales vías de financiación para la I+D+i privada que tiene nuestro sistema junto con las ayudas (en forma de préstamos y subvenciones) y las bonificaciones a la Seguridad Social por personal investigador.

Así, en lo referente a los incentivos fiscales y las bonificaciones a la Seguridad Social, cualquier empresa, independientemente de su tamaño o del sector en el que se encuentre, puede acceder a las mismas. No obstante, el exceso de burocratización, el tiempo que trascurre hasta su recepción o los plazos existentes hacen que muchas empresas decidan no recurrir a ellas. Por lo que, una medida que podría resultar positiva para impulsar el crecimiento de una empresa y, en consecuencia, de la economía del país puede convertirse en un factor negativo.

Por otro lado, el futuro de las deducciones fiscales por actividades relacionadas con el I+D+i sobre la cuota del Impuesto de Sociedades está en el aire. Los nuevos PGE contemplarían un suelo en el Impuesto de Sociedades de un mínimo del 15% y la eliminación de la mayoría de las bonificaciones a la Seguridad Social. El Gobierno defiende que la creación de este modelo impositivo tiene como objetivo redistribuir mejor “la riqueza” y los beneficios de las grandes corporaciones, pero este cambio en el sistema acabaría afectando negativamente al impulso a la innovación privada en nuestro país. Tras su previsible entrada en vigor, a las empresas puede no resultarles lo suficientemente atractivo invertir en I+D+i en España y decidan destinar el gasto previsto a otras actividades, o incluso deslocalizar la actividad innovadora a otros países, lo que puede terminar siendo un lastre para la economía global y, por ende, para la innovación.

El Gobierno aún está a tiempo de decidir si aplicará el nuevo paquete de medidas fiscales con la salvedad de la I+D+i. La toma de esta decisión debe hacerse con la mente puesta en ayudar al tejido empresarial a recuperar la competitividad, en una apuesta por situar el conocimiento como valor fundamental para avanzar en la senda del crecimiento y el desarrollo económico.

No hay que olvidar que reducir el “gap” que actualmente existe entre España y el resto de los países europeos en materia de innovación debe ser nuestro objetivo no solo en los próximos meses, sino en los años venideros. Europa debe unirse en bloque en el impulso a la I+D+i, o países como China seguirán liderando el gasto en I+D+i dejando fuera de la carrera a toda la Unión Europea. Un objetivo por el que todos tenemos que apostar de manera firme, como para que cientos de empresas españolas estén dispuestas a ser disruptivas.

Nos queda mucho camino por recorrer si queremos convertirnos en una potencia europea en materia de innovación, pero con las decisiones adecuadas, un salto cualitativo es posible.

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Sobre el autor

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