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Opinión

Rasgos que deben tener las personas y organizaciones innovadoras

La economía futura girará en torno a cómo se presentan las oportunidades y cuál es la mejor forma de aprovecharlas.

20 Julio 2011por Antonio Flores, CEO de la consultora estratégica en innovación Loop Business Innovation y autor del libro “La actitud innovadora” (*)

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Antonio Flores

Antonio Flores

Dado que las oportunidades muestran una tendencia a ser cada vez más efímeras, será necesario explotarlas con mucha mayor rapidez y con estructuras que sean también lo bastante efímeras para poderlas montar y desmontar en poco tiempo. Si mi valor como persona o como empresa consiste en generar ideas, lo que debería hacer es poner en marcha la producción e ir a por la siguiente.

En cualquier caso, existe en torno a la innovación una maraña de confusiones e indefiniciones que están próximas a convertir el término en lo que el lingüista Samuel I. Hayakawa denominó “purr-words” o “palabrasronroneo”, términos cuya sobreutilización los rinde vacíos de significado literal y acaban por comunicar únicamente una alabanza poco definida…

La innovación empresarial necesariamente debe ser una actividad proactiva, alineada con el plan estratégico de la empresa, grupal y multidisciplinar, que coordina en base a las necesidades la acción desde el interior de la empresa (acciones de mejora continua y de explotación del valor existente) con las realizadas desde el exterior (acciones de ruptura o de nuevos escenarios de oportunidad). Siempre debe estar orientada al corto plazo (con objetivos claros y bien definidos) y orientada a la aplicación del conocimiento ya existente en la organización o en el exterior de la misma.

Por ello, las personas y organizaciones que desean hacer de la innovación una forma de gestión de su vida profesional o de su negocio deben tener los siguientes 5 rasgos: habituarse a vivir en la incomodidad; tener siempre una actitud de punto de salida; actuar como filtro de conocimiento; ser aplicadores de conocimiento, y necesitar colaborar con otras empresas y personas.

Si es cierto que nos encaminamos hacia una economía cada vez más de oportunidades y menos de estructura, empresas y profesionales deberán habituarse a vivir en la incomodidad, a gestionar la incertidumbre y aceptar continuamente el reto que representa explorar ideas de negocio realmente nuevas. No saber gestionar la incertidumbre llegará a convertirse en un problema grave, porque vivimos en un mundo en el que las oportunidades serán rápidas y tendremos que estar preparados para montar y desmontar organizaciones y currículos individuales a fin de aprovechar las ocasiones que se nos presenten. Por tanto, se impone un cambio en la forma que hoy tenemos de entender la comodidad y se hace necesario que aprendamos a ser más elásticos.

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