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Opinión

Las cinco claves del buen bioemprendedor

Las ciencias de la vida están presentes en el mundo empresarial de manera creciente, como demuestra el crecimiento experimentado por las empresas biotecnológicas en el periodo 2000-2008, pasando de 80 a casi 300 empresas, lo que supone un crecimiento del 239%.

06 Septiembre 2010por Rafael Camacho. Director General de Genoma España, fundación para el desarrollo tecnológico, la transferencia de conocimiento y la innovación en el sector biotecnológico

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En el terreno empresarial, la biotecnología tiene la particularidad de que sus oportunidades de negocio crecen conjuntamente con los avances de la ciencia. Un descubrimiento o un nuevo campo de investigación pueden abrir el camino a nuevas aplicaciones empresariales casi de la noche a la mañana. Con todo, seguir una línea de trabajo prometedora no es suficiente para asegurar el éxito a nivel corporativo”.
 
En este sentido, un emprendedor que quiera prosperar en el mundo de la bioempresa deberá reunir cinco cualidades fundamentales:
 
1. Motivación e identificación. Las ganas y la energía son básicas para todo emprendedor que quiera iniciar un proyecto empresarial en el ámbito de la biotecnología. Debe creer firmemente en él, para así poder transmitir esa confianza, cautivar y convencer a posibles colaboradores, clientes e inversores.
 
2. Formación multidisciplinar. El cuadro directivo de las nuevas empresas debe alinear la formación científica con la empresarial. En España, la primera está, por lo general, mucho más presente que la segunda. El germen de estas empresas suele estar en investigadores capaces de hacer madurar sus ideas en planes de negocio lo bastante sólidos como para servir de base a la nueva firma. Pero, para su desarrollo, sólo el conocimiento científico no es suficiente; es necesaria una dirección mixta que cuente con la experiencia en gestión, que se ocupe del día a día de la empresa y que sepa contextualizar los hitos técnicos dentro del presupuesto de la misma. Es fundamental también que el emprendedor sepa reconocer los límites de su conocimiento y competencias y rodearse de las personas que puedan suplir estas limitaciones.
 
3. Paciencia y constancia.
Ningún negocio se crea de la noche a la mañana, y mucho menos el que está basado en un proceso de investigación. El ejemplo más claro es el ámbito farmacéutico, donde el periodo medio para sacar un producto al mercado oscila entre doce y quince años. En cualquier momento de ese proceso pueden aparecer imprevistos que obliguen a los investigadores a volver atrás en su labor, e incluso a descartar el trabajo que han llevado a cabo en los últimos meses. Es un factor inherente al propio proceso de investigación, por lo que toda nueva empresa debe estar preparada para afrontarlo, y no desanimarse si el desarrollo de su proyecto les supone más tiempo del inicialmente previsto.   

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