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Opinión

Fracaso, emprendimiento y bien común

Somos una sociedad latina por excelencia y, dentro de nuestros tópicos, está el no soportar el error y penalizarlo en los demás. Existe mucha literatura al respecto, y es uno de nuestros frenos hacia la innovación, la cultura emprendedora y el crecimiento sostenido.

28 Junio 2010por Antonio Flores. CEO de la consultora estratégica Loop Business Innovation y presidente de Competitive Network (CN) (www.antoniflores.com)

Antonio Flores

Antonio Flores

Como reacción a lo anterior, contamos con una gran variedad de esfuerzos y acciones enfocadas a conseguir hacer de nosotros una sociedad emprendedora; gobiernos, escuelas y universidades ofrecen programas con este enfoque. Poco a poco va calando en nosotros la iniciativa de emprender, consiguiendo motivarnos y movilizarnos para este fin.

¿Pero podemos decir que somos realmente una sociedad emprendedora? ¿Hemos conseguido superar el miedo al error y al fracaso? Particularmente, pienso que no: tenemos en nuestro más profundo ser miedo escénico al fracaso y al error.

Sin embargo, los esfuerzos anteriormente descritos en algo sí nos han cambiado: ahora nos sentimos con la obligación de emprender y lo hacemos a nuestro estilo.

Para ello, hemos conformado un circulo poco virtuoso: emprendemos copiando al vecino, a nuestra empresa, al amigo que sabemos que triunfó, o al amigo del amigo. De este modo, reducimos la posibilidad de fracasar y, si finalmente sucede…, la culpa no es solo nuestra, somos víctimas de un mal común.

Por este motivo, nuestra sociedad emprendedora (nuestras empresas) tiene tendencia a no crecer en volumen; somos una sociedad empresarial “ameba”, que se divide y fogatiza entre sí, que en vez de sumar esfuerzos, los resta. Hemos creado nuestra propia cadena de depredación, miramos a nuestro vecino como alguien en quien inspirarnos, posteriormente como alguien con quien competir, alguien a vencer y eliminar, y pocas veces como alguien con quien sumar.

Debemos reflexionar en la justa relación entre emprender y contribuir a expandir, en lo individual y en lo colectivo, entre lo eficiente y lo ineficiente, entre aventura y proyecto.

No estoy con ello haciendo apología del anti-emprendimiento, del inmovilismo, pero sí quiero reflexionar sobre la rentabilidad de nuestro esfuerzo y del bien colectivo. Como sociedad, tenemos una asignatura pendiente en la eficiencia y, en muchos casos, eficiencia es sinónimo de volumen y estructura, de perseverancia y tiempo.

Hemos de dotar a nuestro impulso emprendedor de grandes dosis de reflexión y estrategia, de sinceridad con uno mismo; del bien común por encima del beneplácito y autosatisfacción personal. Emprender empresarialmente o socialmente debe ser sobre todo un acto de prestación social, de creación de empleo y de ignición de ideas y proyectos que nos superen en el tiempo, que antepongan la idea y su desarrollo por encima de la persona. Nunca debe4 ser sinónimo de auto satisfacción o proyecto personal.

Por: Antonio Flores. CEO de la consultora estratégica Loop Business Innovation y presidente de Competitive Network (CN(www.antoniflores.com)

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