Página 4 de 6 de Engaños y autoengaños del ejecutivo
¿Les resulta familiar? Tal es el sentimiento de superioridad de estos directivos, que son incapaces de reconocer méritos que no sean propios. Parecen estar convencidos de que los éxitos alcanzados en el pasado fueron consecuencia de su propia inalterada capacidad de romper barreras y encarar grandes retos, pero el análisis objetivo de cada éxito o fracaso suele llevarnos a una conjunción de causas. Cuando yo mismo he topado con uno de estos perfiles, también he apreciado carencia de sentido del humor (por no hablar de mal humor permanente), pero no deseo generalizar.
Goleman nos dice que trabajar con estas personas puede acabar convirtiéndose en una pesadilla, y quizá algún lector lo confirme. Aunque sólo estuviera presente la mitad de los rasgos anteriores, ya podríamos hablar de cierto arriesgado distanciamiento de las realidades; de una desconexión que pone en peligro la empresa. Nadie es perfecto, pero quienes administran poder en las empresas han de ser bien conscientes de las realidades propias y ajenas, porque sus decisiones resultan trascendentes. Frente a los diez rasgos ya formulados, cabe aplaudir a los empresarios y directivos que presentan estos otros:
1. Autoconocimiento y autocrítica.
2. Objetividad y prudencia.
3. Atención efectiva al futuro.
4. Sed de saber.
5. Receptividad al feedback.
6. Objetivos tan alcanzables como ambiciosos.
7. Cultivo de la confianza y la empatía.
8. Conciencia de que todo es perfectible.
9. Tiempo para pensar y reflexionar.
10. Percepción de los matices al enjuiciar.
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