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Opinión

Engaños y autoengaños del ejecutivo

10 Febrero 2010por José Enebral. Consultor y conferenciante. jenebral@yahoo.es

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Ciertamente, hay muchas empresas en que se impone la profesionalidad, la verdad, la responsabilidad y el compromiso con el cliente y la sociedad; sus empresarios, si además respetan a los trabajadores, merecen sin duda el reconocimiento de todos (me vienen a la cabeza varios nombres, pero obviamente habrá muchísimos no tan conocidos). Sin embargo, hemos de admitir, sí, que hay otros cuyo esfuerzo se orienta más a aparentar que a ser; que van predicando hazañas y capacidades muy exageradas; que hacen de la jactancia o el alarde una herramienta habitual. Desde luego, hay conductas peores, como la corrupción, la estafa…; pero sigamos hablando ahora del autoengaño, de perder la conexión con las realidades, porque diría que estamos aquí ante un cierto trastorno de la personalidad.

Por mis propias vivencias relacionales al respecto, diría que primero se ensaya para observar el impacto que genera en los interlocutores el fantaseo o la exageración; o sea, para ver si “cuela”. En esta fase, el individuo todavía es consciente de su intención de engañar, e incluso puede mostrarse ambiguo e inseguro: sabe que está mintiendo. Pero llega un momento en que adquiere la habilidad de engañar y aún se engaña a sí mismo. Es como si el actor se creyera el personaje que interpreta y no tuviera otra vida que la de empresario o directivo. Quizá el lector lo vea de otro modo: sólo estoy invitando a la reflexión.

Según estudios de diversos expertos, el autoengaño se da especialmente en ejecutivos que han dejado de brillar tras algún éxito previo, lo que parece venir a recordarnos el estereotipo correspondiente en otros ámbitos de actividad. Pero evítese, por ejemplo y por inapropiada, si vale la atrevida digresión, una analogía con el papel de Gloria Swanson en “Sunset Boulevard” (1950, 11 nominaciones a los Oscar), porque no apuntamos a ejecutivos ya maduros, sino a la mala digestión de éxitos alcanzados, cualquiera que sea la edad. En verdad y en la empresa, un éxito no garantiza que otros vengan detrás, como tampoco saber mucho de algo implica saber mucho de todo.

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