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La mayoría de los fraudes a las empresas son cometidos por los propios empleados

Por   /   3 diciembre, 2013  /   Sin Comentarios

Nada menos que el 61% de los casos de fraude a empresas están protagonizados por empleados de propias compañías, y en el 70% de los mismos lo han hecho en connivencia con otras personas, según pone de manifiesto el estudio “Perfiles de un defraudador”, informe llevado a cabo por la firma de servicios profesionales KPMG tras analizar a 596 defraudadores implicados en actos cometidos en 78 países y entrevistar a responsables de investigación de la propia KPMG en 42 países.

La razón mayoritaria para cometer un fraude es económica, pues del total de 1.082 motivaciones mencionadas en el análisis, 614 tienen que ver con la avaricia, el beneficio económico y las dificultades económicas, en tanto que otras 114 estaban relacionadas con el cumplimiento de objetivos de negocio (el único motivo no financiero con una frecuencia similar es la simple voluntad de hacerlo, o “porque puedo”, con 106 casos).

Hurto en empresas, de Free DownloadDe esta manera, en el 56% de las ocasiones el fraude más frecuente es la apropiación indebida de activos, donde la malversación representa el 40% y el fraude en las compras el 27%, en tanto que el segundo fraude más habitual es la obtención de ingresos de activos mediante actividades fraudulentas o ilegales (24%). En esa línea, en el 43% de los casos en los que el defraudador no actuaba solo, el impacto económico para las víctimas excedió la cifra de 500.000 dólares, mientras que en otro 18% supuso una cuantía total de entre 50.000 y 200.000 dólares y en un 16% de los fraudes analizados alcanzó la suma de los 5 millones de dólares, cifra superior a la registrada en los casos en los que el defraudador actuó en solitario.

La investigación señala que el perfil típico del defraudar empresarial tiene una edad de entre 36 y 55 años (70% de los casos) que suele trabajar en las áreas de finanzas, operaciones o ventas/marketing con una antigüedad que la mayoría de las veces supera los seis años en la compañía y que en el 29% de las ocasiones ocupa un puesto directivo y en otro 25% trabaja en gestión. Pero la verdad es que el perfil del implicado es el de un defraudador ocasional, y por tanto no reincidente (los defraudadores recién contratados en una organización y que de forma incipiente comienzan a elaborar un plan de acción son menos comunes). No suele actuar en solitario (en los casos en los que los defraudadores actuaron con cómplices, el 74% de los delitos fueron cometidos a lo largo de entre uno y cinco años) y son además personas que no sienten la necesidad de someterse a las reglas: el 36% de ellos apunta la sensación de superioridad como motivo para justificar su fraude.

El informe de KPMG revela también que el comportamiento del defraudador no es predecible, ya que varía continuamente, si bien los tres factores tipificados que incitan al fraude son motivación, oportunidad y racionalización. Sin embargo, las organizaciones tienen que entender el comportamiento en constante cambio del defraudador para mitigar el riesgo de fraude y responder rápidamente a potenciales delitos.
Pero es verdad asimismo que un cambio destacado es el creciente uso de tecnología por parte de los defraudadores, y no sólo en países tecnológicamente avanzados. Hasta el punto de que constituye una preocupación para todas las empresas el hecho de estar a punto de encontrarnos con una nueva generación de defraudadores capacitada para usar más tecnología y con acceso a mucha más información que las generaciones anteriores. Todo ello indica el inicio de una nueva era para el fraude y las actividades ilegales.

Y es que, según el análisis de KPGM, el 54% de los casos de fraude fue motivado por la debilidad de los controles internos en las compañías, lo que revela que si en realidad muchas organizaciones endurecieran los sistemas de control y supervisión de los empleados la oportunidad de cometer un fraude se reduciría visiblemente. De hecho, es muy frecuente que las organizaciones pasen por alto la prevención del fraude mediante la implantación de los controles adecuados y aprendan de sus errores cuando ya es demasiado tarde.

No obstante, conviene adelantar que lo cierto es que unos controles internos sólidos no impedirán todos los fraudes. Según el informe, el 20% de los defraudadores cometieron el delito de forma temeraria, saltándose todos los controles, y en el 11% de los casos actuaron en connivencia con otras personas para eludir los controles, por lo que, en ambos casos, el defraudador puede ser una persona que conoce los controles y sabe cómo manipularlos, o que encuentra un fallo en los mismos por accidente y se aprovecha de ello.

Por otra parte, el estudio también considera que la cultura influye mucho en las acciones y determina una conducta ética o incorrecta. Y eso se refleja también en algunas diferencias por países en el caso de los fraudes en las empresas por parte de los empleados.

Por ejemplo, mientras que, a escala global, en uno de cada tres fraudes (33%) estuvieron presentes elementos de soborno y corrupción, en el caso de Estados Unidos esa posibilidad se limita solo al 24%, pero en China sube al 48%, al 64% en los países miembros de la CEI y al 67% en África Occidental. Por otro lado, los defraudadores de Canadá intentan, más que en otros países, evitar los riesgos de tener un cómplice; en el Reino Unido, Canadá, República Checa e India se registran más casos que en Sudáfrica y Alemania de fraude cometido por empleados que llevan trabajando para la organización afectada de uno a cuatro años; y la mitad de los casos investigados en Estados Unidos se producen en un entorno muy regulado, al igual que en China, pero se limita al 33% en la CEI y no se registra ningún caso en África Occidental.

Imagen cortesía de chanpipat/ FreeDigitalPhotos.net

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