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Entorno laboral, productivo y feliz

Por   /   29 noviembre, 2018  /   Sin Comentarios

Por Verónica Rodríguez de Orellana, Terapeuta y Directora de Coaching Club, Centro de gestión emocional y coaching grupal.

 

Primero fue la conciliación laboral, después el teletrabajo y últimamente ha sido el “flexiworking”. Se trata, en cualquier caso, de diferentes maneras de denominar a fórmulas laborales flexibles, alejadas de los estrictos horarios de oficina. Así, sociólogos, psicólogos, directores de Recursos Humanos y hasta los propios empresarios alaban sus excelencias en la búsqueda de la felicidad personal del empleado y de la productividad de las compañías.

Sin embargo, más allá de los parabienes y alabanzas, la realidad del mercado de trabajo en España parece ser otra. Según los datos de la última Encuesta de Población Activa, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística, Oficinas  priductivas, de Pixabayapenas un 1,3% de los españoles dice trabajar ocasionalmente desde casa y solo un 4,6% admite haber teletrabajado alguna vez.

Así las cosas, el presencialismo, término que alude no sólo a las horas que un empleado deber cumplir en seguimiento de su horario, sino al tiempo extra que pasa por miedo a perder su empleo, continúa rigiendo los destinos de más de 18 millones de trabajadores en activo en nuestro país.

Sí, el presencialismo presenta ventajas para algunos trabajadores. De hecho, para ciertas personas es mucho más fácil organizar sus vidas en base a un marco determinado por un horario concreto y mediante un esquema social: es positivo compartir horas con los compañeros, desayunar con ellos, crear lazos y lealtades dentro de un sistema que le da cierto sentido de pertenencia. Por el contrario, para otro perfil laboral, este sistema genera una sensación de malestar y estrés cuando no se puede conciliar la vida familiar o resolver algún imprevisto personal. Entonces, la sensación es de impotencia e incomprensión con respecto al empleador.

Lo cierto es que el presencialismo premia la cantidad y no la calidad de nuestro trabajo, aunque ni siquiera se trata de producir, sino de estar. Así, la gran máxima de este orden laboral es que el trabajador no se marcha nunca antes que el jefe; y otra norma implícita es que no se abandona la oficina antes de la hora oficial de salida, aun a pesar de tener las tareas acabadas y hasta adelantadas.

Pero la realidad es que la máxima de productividad ligada a horarios resulta una de las grandes frustraciones de los clientes. La experiencia les ampara, puesto que las técnicas que miden la concentración y los resultados ofrecen mejores parámetros en la jornada de mañana que en la de tarde.

Por otro lado, un asunto que también se obvia en los métodos de producción más tradicionales es el entorno. Y en ese sentido, sin llegar a las idílicas oficinas de la “punto com”, ¿se preocupa el empleador de ofrecer a su equipo un entorno el que pueda desarrollar su potencial y su creatividad? No, ciertamente. Oficinas luminosas, espacios abiertos, colores alegres y cálidos, cierta flexibilidad con tu propio espacio son aspiraciones mayoritariamente todavía lejanas. En ese sentido, además de la presencia de plantas, es recomendable el silencio como forma de concentración y la salud como objetivo, protector de pantalla, apoya muñecas para el ratón y sillas diseñadas para cuidar nuestra espalda.

Por último, y a partir de que ya nos encontremos en un entorno rígido o flexible, ningún empresario debe obviar tres puntos básicos para una modernización y optimización de su sistema de trabajo y, por supuesto, para la felicidad de sus empleados:

  • Eliminar la presencia del llamado “barro tóxico”. El lodo en el trabajo se forma con la avalancha de comentarios negativos, culpabilizaciones y críticas a los compañeros. A esto es preciso ponerle freno. Si lo logras, la culpa se evapora y la productividad aumenta. Un equipo sin “barro” es liberador.
  • Mobbing, jamás. Es una epidemia silenciosa que debemos saber identificar para desterrarlo por completo. Y algunas de sus manifestaciones son acoso a un compañero a través de calumnias, rumores, aislarle o ignorarle. Por el contrario, hay que tener en cuenta que en un buen equipo de trabajo todos reconocemos que somos diferentes, y eso nos hace más creativos y mejores personas.
  • Dotar de autonomía laboral al empleado. El control llevado al extremo lo único que genera es infantilización de las situaciones y no permitir asumir nuestras responsabilidades como adultos y trabajadores.
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Sobre el autor

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