Carlos Martínez
Algo que en principio parece que va bien encaminado, nos obligaría a hacernos una interesante pregunta: ¿hemos analizado alguna vez si la formación que reciben nuestros desempleados está en sintonía con lo que demanda el mercado laboral? Ante ello, la respuesta es no. Los servicios de empleo de las distintas comunidades autónomas, en general, no hacen un estudio en profundidad sobre la capacidad de empleo de la formación que proponen; y fruto de ello es que, entre los alumnos que asisten a los cursos, parece que no llega ni al 10% el número de los que encuentran un puesto de trabajo. Eso aparte de los abandonos que se producen porque el alumno se desanima (en la mayoría de las ocasiones, por la falta de recursos con las que se encuentran los centros de formación por las bajas partidas presupuestarias asignadas).
Se ofertan cursos tan interesantes como ferrallista o encofrador, cuando todos sabemos que las colas del desempleo están llenas de grandes profesionales con este perfil; en cambio, adolecen de cursos interesantes sobre energías renovables, nuevas tecnologías, eficiencia energética, etc.
Además, es importante saber que, cuando se destruyen empleos, quien más lo sufren son los trabajadores con baja formación. Por eso, como siempre dice mi buena amiga Paquita Arbizu, debemos poner definitivamente en marcha un sistema nacional de profesionales cualificados que acredite documentalmente, de forma oficial, los conocimientos y la capacidad que tiene un trabajador para desarrollar un determinado puesto de trabajo, porque, por ejemplo, cuántos magníficos jardineros tenemos en España que llevan muchos años en la profesión, pero carecen de acreditación alguna.
Es vital invertir en formación por parte de las administraciones públicas como vehículo para salir de la crisis cambiando el modelo productivo, pero vamos a hacerlo con criterio, no sólo con el fin de aliviar las estadísticas del desempleo; y esto solo se consigue dando formación de calidad, ajustada a las demandas del mercado y de forma continua a lo largo de toda la vida profesional. Un colectivo laboral a nivel de país es competitivo cuanta más formación reciba y mejor sepa innovar en el reparto del trabajo, para que no se convierta en un bien escaso.
Por Carlos Martínez, Director General del Grupo IMF
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