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La regulación jurídica del “falso autónomo”

Por   /   25 julio, 2018  /   Sin Comentarios

Por Alicia Carrascal, Colaboradora de Easyoffer, Plataforma de abogados online.

 

Según la Unión de Asociaciones de Trabajadores Autónomos y Emprendedores (UATAE), más de 200.000 personas desarrollan su actividad profesional en España bajo la figura del denominado “falso autónomo”. Pero ¿qué es un “falso autónomo” y por qué se habla tanto de ellos?

La definición más sencilla responde a personas trabajando para otros, pero dados de alta como autónomos. Tienen lugar en situaciones donde el trabajador se da de alta como autónomo para ahorrarle al empresario el coste social, Falso autónomo, de Easyofferque asciende de media a unos 450 euros al mes por trabajador en jornada completa, mientras que, con carácter general, a un autónomo lo máximo que se la va a exigir son 267 euros.

Lo cierto es que esto es posible hacerlo, pero es ilegal, porque detrás hay unas condiciones propias del trabajador por cuenta ajena. Si tú eres autónomo, no recibes órdenes, te gestionas tu propio trabajo y tus horarios, en tanto que el “falso autónomo” tiene un horario fijo y está bajo las órdenes de otra persona.

De esta forma, la hostelería, junto al transporte, ha sido siempre la “reina” de los “falsos autónomos”, pero su reinado está amenazado por las nuevas empresas emergentes, las ya conocidas como startups. Y es que es un recurso muy habitual cuando la empresa no tiene la suficiente solvencia como para asumir los costes de un trabajador.

En cualquier caso, la figura del “falso autónomo” no es algo nuevo, pero lo que sí es reciente es una nueva forma de facturar para estos “freelance”: hacerlo a través de una cooperativa. Es decir, que en vez de darse de alta como autónomo, lo que se practica es hacerlo como cooperativista, en una organización que aglutina trabajadores de muy diversa índole y que presta un servicio para un empresario. Tiene así una fiscalidad más ventajosa, lo que beneficia tanto al que presta los servicios como a la empresa que le contrata.

La realidad es que se ha aprovechado una laguna legal, en la que entra también el fraude del propio autónomo. Y es que, si haces un trabajo de “freelance”, por puntual que eso sea, lo normal es estar dado de alta en el Régimen de Autónomos; pero siempre existen dudas sobre su obligatoriedad cuando no se llega al salario mínimo interprofesional anual, pues alguna sentencia del Tribunal Supremo al respecto establece la no obligatoriedad del alta en estos supuestos.

No obstante, siempre es un riesgo el no estar dado de alta en Autónomos y ejercer una actividad por cuenta propia, aunque la misma sea solo puntualmente, hasta que se contemple esa excepción de forma inequívoca en la regulación del trabajo autónomo.

En ese sentido, hay que tener en cuenta que, en el artículo 40 de la Ley sobre Infracciones y Sanciones en el Orden Social, vienen recogidas las posibles multas. Así, de cara al empresario, si la inspección detecta que una empresa tiene a un trabajador sin dar de alta y bajo la figura del “falso autónomo”, se enfrenta a una sanción de entre 3.000 y 10.000 euros, más la exigencia de abonar las cuotas de la Seguridad Social por ese trabajador con carácter retroactivo, y con un recargo que puede llegar hasta el 150%. Además, según la gravedad del fraude, se podría incurrir en un delito contra la Hacienda Pública y la Seguridad Social, lo que implicaría penas de prisión. De hecho, a partir de los 50.000 euros, podría darse esta situación, aunque es necesario que un abogado especialista examine cada caso, pues entran en juego muchas particularidades y condicionantes. Y en ese sentido, también varían mucho las penas, pero la Ley contempla supuestos que pueden superar los 5 ó 6 años de cárcel en muchos casos.

Mientras, para el falso autónomo, no existen sanciones, ya que se considera que es la víctima (y no cómplice) en la relación con la empresa, y de facto es esta persona la que, debido a su situación, está perdiendo derechos y haciéndose cargo de unos costes laborales (la cuota de autónomo) que no le corresponden. Es el eslabón débil de la cadena y la Inspección busca protegerlos y no castigarlos.

Si soy falso autónomo, ¿qué salidas tengo para legalizar mi situación?

Lo primero es denunciar la situación ante la Inspección de Trabajo y nunca abandonar la empresa hasta que se haga la denuncia. Y una vez acreditado el fraude por esa Inspección, el empresario podría solicitar un acuerdo extrajudicial y, si no, el siguiente paso es ir a una demanda judicial.

La realidad es que, en muchas ocasiones, no se denuncia por miedo a posibles represalias, pero hay que tener en cuenta que la denuncia ante la Inspección de Trabajo es totalmente anónima, si bien es cierto que, si se trata de una empresa pequeña, puede haber más facilidad para deducir quién ha sido el denunciante, porque generalmente el conflicto viene de atrás. Y otro de los motivos para no salir de este “pozo” es el propio interés personal del autónomo, al cobrar una serie de ayudas que hacen que no le compense estar contratado.

No obstante, lo que es habitual es no darse cuenta de la situación hasta que a uno le despiden; y es en el momento de cobrar la indemnización cuando uno es consciente de la parte negativa de ser un “falso autónomo”.

¿Y si soy empresario?, ¿qué hacer?

Si la empresa ya cuenta con “falsos autónomos”, lo cierto es que legalizar la situación es complicado. Pero si, aún así, se decide ir de frente, el empresario se arriesga a que el trabajador le exija las cotizaciones anteriores no abonadas. Además, deberá justificar su comportamiento hasta el momento y mostrar su firme voluntad de que no se repetirá este modo de proceder.

En cualquier caso, la realidad es que una vez que empiezas a componer tu plantilla con “falsos autónomos”, es difícil dar marcha atrás, salvo que la relación con esos empleados sea estrecha y de confianza.

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Sobre el autor

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