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Emprender: éxito y fracaso

Por   /   11 junio, 2020  /   Sin Comentarios

Por Enric Serradell-López, Profesor de Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Cataluña (UOC) y Javier López Menacho, escritor y autor en Editorial UOC.

 

Emprender es, desde 2014, un verbo que parece estar de moda en España. Porque si bien, entre 2008 y 2012, durante la crisis económica, se sufrieron drásticos descensos en la tasa de emprendimiento (TEA), la cual pasó del 7% al 5,7% en solo cuatro años según detalla el último informe del “Global Emntrepreneurship Monitor” (GEM), sin embargo, a partir de 2014, y coincidiendo con la época postcrisis, crecieron los emprendedores.

Así, hoy, emprender tiene connotaciones relacionadas con el éxito social y económico, aunque la realidad es bastante más dura de lo que se cree. De hecho, se calcula, que solo el 5% de las “startups” españolas alcanza los 5 años de vida e incluso un 15% no supera el año, Emprender: éxito y fracaso, de Pixabaysegún el relata el “Mapa del Emprendimiento 2018”, publicado por Spain Startup-South Summit y que analiza el caso de 1.252 startups españolas.

Lo cierto es que, después del batacazo del ladrillo, hacía falta una nueva narrativa que hiciera perdurar el discurso neoliberal basado en la meritocracia y en la autoayuda empresarial, y el mismo fue el de la innovación tecnológica. De ahí que muchos españoles se animaran a emprender. Además, el autoempleo fue para muchos la única solución para poder incorporarse al mercado laboral ante un entorno de crisis económica, de elevadas tasas de paro y de muchos problemas para encontrar una ocupación de calidad. En concreto, según el “Barómetro de Emprendimiento” de diciembre de 2019 del Ministerio de Economía y Empresa, casi un tercio de las iniciativas de emprendimiento entre los españoles tiene la necesidad como motivación para emprender (22,6%), aunque la mayoría de las mismas (70,7%) responde a la motivación de aprovechar una oportunidad de negocio detectado.

En cualquier caso, ha habido una evolución en la mentalidad de los españoles hacia la autoocupación, ya que desde 2013 hay una tendencia positiva a detectar oportunidades de negocio. Hoy, un 6,4 % de la población adulta española es emprendedora, una tendencia que se ve reforzada por el hecho de que casi la mitad de la población de entre los 18 y los 64 años considera que tiene los conocimientos, las habilidades y la experiencia para emprender (llega al 84% entre aquellos que están involucrados en las actividades emprendedoras, tal y como reseña el GEM de 2018-2019).

No obstante, es preciso recordar que a esta fórmula acuden, en general, personas en busca de un pelotazo. De hecho, algunos han hecho de esta fórmula su manera de vivir, y aunque la vía “startup” es bastante precaria, la realidad es que, si consigues éxito, todo ese esfuerzo ha merecido la pena.

El modelo Silicon Valley

Eso sí, la realidad emprendedora no se parece para nada a la historia del asalariado que tiene una idea innovadora y que en poco tiempo logra millones y una vida de lujo, aunque el discurso se mantiene. Según el barómetro de 2019, la vida media de las empresas emergentes es más bien corta: en España ronda los 2,3 años y en Europa, los 2,4 años. Además, la dinámica de creación y destrucción de empresas en nuestro país es de las más altas entre las grandes economías europeas, solo superada por el Reino Unido.

En ese sentido, hay que tener en cuenta que Silicon Valley ha impactado en la creación de imaginarios sociales de emprendedores de éxito, y también los lobbies y los medios de comunicación afines, la industria de Hollywood… Es decir, que en el mundo de las “startups” se ha creado un sucedáneo de sueño americano. En concreto, la bahía de San Francisco se ha convertido en el destino soñado para muchos emprendedores y se considera la “mina” de las empresas emergentes tecnológicas en todo el mundo. Es más, todos los países están intentando copiar el modelo de Silicon Valley y es inevitable que se busquen referencias en las empresas que han tenido éxito: atraen talento global que, combinado con una óptima capacidad de inversión, hace que los emprendedores tecnológicos se planteen ir o tener algún tipo de presencia.

En España, emprender y fracasar es solo fracasar

Mientras, a la élite económica no le interesa hablar de las empresas que no funcionan replicando este modelo especulativo, pues hablar de crecimiento sostenido y sostenible o trabajo bien remunerado repercute en su beneficio.

Pero hay que tener presente que copiar a Silicon Valley cuando no se comparte la misma cultura empresarial tiene peligros. Los aspectos culturales son muy importantes, y una de las principales características de la cultura emprendedora en Estados Unidos es la cultura del reconocimiento al fracaso. El fracaso es visto allí como un punto más en el recorrido del emprendedor y se valora positivamente. En España, iniciar y cerrar proyectos fracasados es una señal de debilidad, en tanto que en Estados Unidos demuestra que se tiene un perfil dinámico e innovador que suma positivamente en el currículum. Así, en nuestro país se habla de meritocracia empresarial, de éxito y de “hubs” tecnológicos de referencia… de un mundo idílico, cuando en el mundo de las “startups” los pocos casos de éxito tapan todo lo que hay detrás.

Por otro lado, en lo que se refiere a la financiación, en Europa la mayor parte de las empresas emergentes se financia a partir de los ahorros de los fundadores (78%), amigos y familia (30%), los ángeles financieros o “business angels” (29%) y de capital riesgo (26%). Mientras, en el caso particular de España, la mayor parte de capital riesgo proviene de empresas internacionales (51%), seguido del capital riesgo nacional (45%) y de las entidades de capital riesgo públicas (3,5%). Hay por tanto una evidente necesidad de una posición económica holgada, contactos, formación y suerte, y el gobierno debe apoyar a modelos alternativos y apostar por ellos; y evitar el discurso del pelotazo.

Siete buenos consejos para emprender

Con este panorama, algunos consejos para emprender son:

1. Formación, formación y formación: Tener estudios superiores se ha demostrado como un elemento que favorece las iniciativas de éxito.

2. Capacidad para crear habilidades complementarias del equipo emprendedor. Estos equipos de alto potencial no tienen la necesidad de autoemplearse como una de sus prioridades, sino que se basan en la detección de una oportunidad de negocio adecuada.

3. Generar un tejido de contactos de calidad y trabajar la capacidad de integrarse y conectarse con otros emprendedores mediante redes.

4. Entrenar las habilidades financieras o bien buscar apoyo y asesoramiento por parte de personas expertas en la creación de empresas y modelos de negocio.

5. Tener en cuenta la capacidad para internacionalizar una idea de negocio.

6. Hacer un prototipo del producto o servicio antes de lanzarle al mercado.

7. Es importante saber decir: «Hasta aquí».

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Sobre el autor

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