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2012, el año del “fin” del euro

Por   /   14 enero, 2013  /   Sin Comentarios

El año 2012 se recordará porque fue en el que el proyecto euro, doce años después de su puesta en marcha, estuvo más cuestionado por economistas, inversores y participantes en el mercado.

De hecho, tanto bancos de prestigio por boca de sus jefes de servicios de estudios económicos como analistas renombrados se atrevieron a poner fecha de finalización a la moneda única y a la salida de países como Grecia.

Miguel Ángel Rodríguez, analista de XTB.El término “grexit”, acuñado por el economista-jefe de Citigroup para hacer referencia a la salida del euro del país heleno, se extendió e hizo famoso en los foros de economía. Y sin embargo, nada de ello ha ocurrido; Grecia sigue utilizando el euro y no se baraja en absoluto la posibilidad de deshacer la eurozona. Aún más: las primas de riesgos de España e Italia han mejorado desde sus peores niveles y los tipos a los que pueden acudir a financiarse a los mercados de bonos, sin dejar de ser altos, se han estabilizado en niveles aceptables.

¿Podemos entonces asegurar que la Unión Monetaria está fuera de peligro? ¿En qué han fallado los que vaticinaban la ruptura de la zona euro?

En ese sentido, hay que decir que el elemento que no se tuvo en cuenta fue el de la posibilidad de que el BCE se ofreciera para prestar soporte de manera ilimitada a los países con problemas comprando bonos a través de su programa de OMT. Sin ninguna duda, esta acción, y solo ella, es la que ha frenado la escalada de deterioro en la que la Eurozona se encontraba inmersa a mediados del año 2012.

Un banco central acorralado en un mandato estricto impuesto por la ortodoxia alemana no parecía ser quien saliera a la defensa de los países del sur de Europa. Pero en contra de todo pronóstico, y sobre todo en contra de los criterios del Bundesbank alemán, Mario Draghi se atrevió a dar el paso y anunció que compraría deuda de los países que lo solicitaran.

Esta decisión del BCE es la que distorsionó todas las predicciones. Si no hubiese sido así, estaríamos hablando de la zona euro en pasado. No obstante, no podemos dar el asunto por zanjado, porque el problema sigue existiendo. Solo hemos visto un arreglo temporal.

De momento, ni tan siquiera estamos seguro de cómo actuaría el BCE en el caso de que un país pidiera su intervención. Las constantes críticas por parte del Bundesbank y la falta de precisión y detalle en su programa hacen que los inversores vuelvan a dudar de la efectividad de esta medida, una vez pasado el efecto balsámico que su anuncio produjo.

Aunque lo cierto es que lo más preocupante siguen siendo las cifras de la economía europea. No hay que olvidar que las excesivas medidas de austeridad impuestas en la Eurozona han llevado a varios países, entre ellos el nuestro, a un profundo pozo negro del que no se vislumbra ninguna salida en el corto plazo. Además, estas políticas están pasando factura también, como no podía ser de otra manera, a los países centrales, hasta el punto de que Alemania podría entrar en crecimiento negativo tan pronto como en este último trimestre del 2012 y de que Francia, aún en peor situación, está viendo en peligro su calificación crediticia.

Pero hay algo más de lo que nadie parece querer hablar y que es la situación de los bancos europeos.

Hemos vivido en España un, a mi entender, innecesariamente duro proceso de ajuste bancario que sacó a relucir tremendas carencias y desequilibrios de un recientemente creado grupo bancario de tamaño considerable, como es Bankia, y de algunos otros pequeños representantes del sector. Las dificultades de estos bancos, por diversas razones, entre ellas una pésima comunicación, acabaron afectando no solo al resto de los bancos, que no tenían esta clase de problemas, sino también al resto de la economía del país por la desconfianza generada sobre la salud global del sistema.

En España, afortunadamente, lo hemos superado ya. Pero aquí no se acaba la historia. Alemania hizo y seguirá haciendo lo propio mientras pueda con su banca. Recordemos que se negaron a que sus bancos regionales “Landesbank” fueran supervisados por el BCE; quisieron lavar los trapos sucios en casa sin que nadie se entere. Pero los bancos franceses, si hacemos caso al FMI, puede que necesiten un rescate que supere con creces los escasos 40.000 millones de los españoles. En este caso, los activos tóxicos no son préstamos al sector inmobiliario, sino exposición a deuda soberana europea periférica, y un empeoramiento, en absoluto descartable, de las primas de riesgo pondría en serios problemas a algunas de las grandes entidades francesas.

En ese sentido, hay que tener en cuenta que el mínimo avance en el proceso de Unión Bancaria, obstaculizado por Alemania y el Reino Unido, haría de nuevo inviable la posibilidad de que se pudiera rescatar un banco francés, pongamos por ejemplo, sin hacer pasar la ayuda por las cuentas públicas del Estado. Este trasvase de riesgo privado a riesgo soberano llevaría consigo una pérdida de su calidad crediticia, y vuelta a empezar.

La preocupación ha dejado de ser Grecia desde hace tiempo. Ahora habrá que solucionar asuntos de mayor envergadura que han venido creciendo a la sombra de la inacción política de Europa. Hay que tener en cuenta que una de las razones -quizá la principal- de que las políticas monetarias del BCE no se transmitan a la economía real es el bloqueo del sistema financiero. Nos guste o no nos guste, la recuperación económica tiene que venir de la mano de la reanudación del crédito, y mientras no se aborden de manera conjunta las necesidades de los bancos europeos y se cree un verdadero sistema bancario europeo, la economía seguirá sin funcionar. Y para nada servirá la obsesiva política de recortes impuestas por Alemania sin la contrapartida absolutamente necesaria de un sector privado asistido por el crédito y generando negocio y puestos de trabajo.

Por Miguel Ángel Rodríguez, analista de XTB, bróker online especializado en Forex, Acciones, Materias Primas e Índices.

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