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Una eficiencia energética real

Por   /   5 marzo, 2013  /   Sin Comentarios

Por Luis María Sánchez García, Gerente y Responsable de Desarrollo de Negocio de Gruposimec-Fnenergia (www.gruposimec.es).

logo FnEnergíaComo todos los años, este 5 de marzo se celebra nuevamente el “Día Mundial de la Eficiencia Energética” y, sinceramente, no sabemos si hay mucho que celebrar. La actual situación de crisis económica nos está dejando un escenario realmente complicado: empresas que cierran, proyectos que se olvidan y ciudadanos en situaciones realmente delicadas. No vamos a desarrollar aquí una radiografía de la situación, que ya es de sobra conocida por todos, pero sí queremos incidir en una de las posibles ayudas para salir de la crisis: la eficiencia energética. Esa gran buscada, difícilmente encontrada y que resulta que tenemos a nuestro alcance.

La primera imagen, cuando hablamos de eficiencia energética, es pensar en sostenibilidad, en “brotes verdes” y en ahorro. Pero, ¿cómo conseguir que la eficiencia energética sea una importante salida a esta situación? Ésa es la gran cuestión.

¿Cómo puede ser que en 2013, en el mundo global, en el mundo tecnológico, en el mundo “sostenible”, sigamos utilizando nuestra energía como en pleno siglo XIX? ¿Cómo puede ser que, teniendo grandes instalaciones y grandes inversiones, sigamos utilizando la mayoría de los sistemas de forma manual? ¿Cómo puede ser que, en pleno 2013, se sigan utilizando energías elevadamente caras y poco sostenibles cuando tenemos a nuestro alcance energías infinitamente más baratas y más sostenibles?

La eficiencia energética es un concepto, es una consecuencia. Es el resultado de aplicar con sentido común los equipamientos disponibles adaptando su uso a las verdaderas demandas de energía. Entonces, ¿por qué es tan complicado conseguir un resultado óptimo a partir de la mejora de la eficiencia energética?

Primeramente, por la baja o nula concienciación que tienen o tenemos los usuarios sobre la energía. A día de hoy, hay empresas que despiden a su personal antes de ajustar sus procesos productivos y realizar un control más estricto sobre el uso de la energía.

En segundo lugar, por las dificultades que nos ponen las grandes compañías energéticas, ocultado sus verdaderos intereses: vendernos más kilovatios y cuanto más caros mejor, enmascarados muchas veces en sus toques verdes y renovables. Nos quieren hacer creer que van a realizar inversiones, operaciones y propuestas para que el usuario consuma menos energía y encima… ¿que sea más barata? Mucho más lejos de la realidad, lo que nos ofrecen, oculto en sus facturas, son servicios que no deseamos y prestaciones fantasmas, a parte claro está, de intentar mantenernos cautivos para evitar cambiarnos de compañía. La grandes empresas distribuidoras y comercializadoras juegan con los usuarios y compradores de energía como si fuésemos meros observadores del mercado: comercializan con nuestros intereses, nos ofrecen, nos quieren y nos intercambian a los clientes para cumplir sus cupos. Un céntimo a un millón de clientes, son muchos millones al año. ¿Cuántos son los usuarios que demandan o protestan frente a las grandes compañías?

En tercer lugar, están los fabricantes, los lanzadores de ideas revolucionarias, siempre pintadas y enmarcadas en verde; lanzadores de modas como la última de los leds. De la noche a la mañana, todos son fabricantes de leds con una tecnología de última generación, con garantías decenales, etc., etc. Y cuando realmente se analiza un proyecto con seriedad, en el 80% de los casos no son la mejor solución. Si, cuando están funcionando adecuadamente, cambiamos todas las luminarias de un municipio de la noche a la mañana, estamos tirando a la basura inversiones realizadas seguramente hace poco tiempo, cuando lo que realmente hace falta es gestionar eficientemente los equipos actuales; o llegado el caso, apagar luminarias.

En cuarto lugar, la administración, las normativas, los Reales Decretos, las directivas, la normas… Decenas, cientos de normas y leyes que realmente han salido mal enfocadas, mal diseñadas, mal implantadas, y que además no han contado con los medios suficientes para que realmente haya un seguimiento y desarrollo efectivo para las mismas. ¿Cuántos edificios que cuentan con supuestos sistemas eficientes, con certificaciones energéticas de difícil justificación, están actualmente ofreciendo los ahorros para los que fueron diseñados? ¿Cómo se puede gestionar un camino hacia la sostenibilidad, el ahorro y la eficiencia energética sin una dirección clara y con presiones constantes de “lobbys” energéticos?

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Sobre el autor

Tras casi 35 años posicionada como la principal revista económica especializada en gestión y management, y habida cuenta de los nuevos modos y necesidades de sus habituales lectores (directivos, emprendedores y empresarios en un 90% de los casos), NUEVA EMPRESA lleva apostando desde principios de 2009 por el mercado digital, convirtiendo la Web en el principal punto de nuestra estrategia, dejando la edición en papel exclusivamente destinada a números especiales sin una periodicidad estipulada.

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