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Opinión

Engaños y autoengaños del ejecutivo

El autoconocimiento sigue siendo una asignatura pendiente para el ser humano; no sorprende que se postulara en Delfos, que Sócrates insistiera, y que aún hoy se siga predicando. Incluso, en ocasiones, más que de insuficiente conocimiento de uno mismo, hay que hablar ya de cierto autoengaño, quizá singularmente grave en el ámbito profesional y empresarial.

10 Febrero 2010por José Enebral. Consultor y conferenciante. jenebral@yahoo.es

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José Enebral

José Enebral

Casi todos tenemos una imagen desdibujada de nosotros mismos pero, si enfocamos a quienes administran poder, las consecuencias de ello pueden resultar lesivas, si no fatales, para las empresas. Adaptemos la sentencia délfica y digamos: “Conócete a ti mismo y a la empresa que diriges”.

En relación con las capacidades de su empresa, hay ejecutivos que parecen poner más empeño en aparentar que en ser, y se diría que no pocos de ellos acaban creyéndose sus manifestaciones, magnificando sus logros y capacidades, de tanto repetirlos. Sin duda, hay muchos empresarios plenamente confiables y conscientes de sus capacidades, muy profesionales y responsables, de los que llamamos “serios”; pero, en verdad, hay otros que exageran con desmesura sus logros pasados, e incluso alardean de otros futuros que luego no llegan. En reconocimiento de los primeros, hablemos de los segundos.

He relatado otras veces el caso de una consultora de formación que en 2001 declaraba en notas de prensa que iba a facturar en 2003 los 30 millones de euros (entonces 5.000 millones de pesetas), y luego facturó apenas una quinta parte (el 20%), tras un 2002 con cuantiosas pérdidas. Y el caso de unas bodegas cuyos ejecutivos, a lo largo de 2004, proclamaron en diferentes medios un gran despliegue nacional e internacional para el año siguiente: iban a convertirse, según el director general, en una de las mejores bodegas internacionales, “porque disponían de vino y talento”. Tres años después, en 2007, y tras una gestión desacertada, hubieron de ser vendidas por sus propietarios a poco más de la mitad de lo que habían pagado por ellas. Si no estaban engañando al mercado, diría que estos ejecutivos se engañaban a sí mismos.

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