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El ocio en el trabajo, fórmula de creatividad

Por   /   7 agosto, 2018  /   Sin Comentarios

José G. Pertierra, de ClicknaranjaPor José G. Pertierra, Director de Arte de Clicknaranja, Agencia de comunicación digital.

 

Fue el poeta americano Robert Lee Frost el que afirmó que “El cerebro es un órgano maravilloso. Comienza a funcionar desde el momento en que uno se levanta por la mañana y no para hasta que uno llega al trabajo”. Esta frase viene a reforzar una corriente cada vez más extensa que diferentes escuelas de psicología y coaching mantienen: la polémica teoría de que alternar periodos de trabajo intenso con momentos de menos ritmo e incluso con algunos directamente de ocio dentro de nuestro horario de trabajo puede contribuir a optimizar la actividad laboral y a mejorar considerablemente nuestra creatividad. Algo tan simple como pasearse por la oficina o tomar un café con otros compañeros puede aumentar nuestra productividad, ya que estas teorías acusan a la presión, a la competitividad y a la alta conectividad de estar matando la creatividad, la innovación y la productividad. Teorías más de actualidad que nunca, e incluso hace tres años uno de los hombres más ricos del mundo, el mexicano Carlos Slim, reivindicaba una semana laboral de solo tres días, con once horas de trabajo cada jornada, aludiendo a que este modelo podría servir para disminuir los enormes índices de paro globales: “y dedicar los días libres a la familia, a innovar, a cultivarse o a crear”.

Y es que, al final, la creatividad parece ser la clave de todo. En una sociedad obsesionada con la mejora de la productividad, está demostrado que la creatividad mejora considerablemente el rendimiento laboral, estimulando la parte más cualitativa del empleo y logrando así un impacto positivo sobre cualquier actividad económica. Pero a pesar de conocer sobradamente la importancia de la creatividad asociada al ocio laboral, lo cierto es que la misma se sigue colocando entre los últimos objetivos estratégicos del mundo de la empresa en general, aunque es verdad que existen algunos casos como excepción.

Una de las claves para comprender por qué ese llamado “ocio laboral” resulta clave para un mejor rendimiento radica en saber cómo funciona nuestro cerebro: el hemisferio izquierdo se encarga de la movilidad, las matemáticas o la lógica, mientras que el lado derecho alberga la parte más emocional, la sensibilidad y la parte creativa. Y aunque siempre debería haber un evidente equilibrio entre ambos, nuestro modo de trabajar hoy en día hace que se haya resentido el uso de nuestro hemisferio derecho: se calcula que cada 12 minutos una persona que está trabajando es interrumpida por el teléfono, un email, un whatsapp o incluso un compañero de trabajo, Descanso laboral, de Pixabaypor lo que apenas solo podemos usar nuestro lado izquierdo, haciendo esta exigencia diaria muy difícil que seamos creativos y productivos.

El problema es que la diferencia entre usar uno u otro hemisferio es brutal: el izquierdo procesa 40 fracciones de información por segundo, mientras que el derecho sube hasta 11 millones de fracciones de información por segundo. Por lo tanto, el derecho es una enorme fuente de creatividad, y usar ese ocio laboral de forma razonable y moderada puede funcionar para romper esas dinámicas de rigidez estimulando nuestra parte más creativa e innovadora.

Hay desde luego muchos ejemplos de creatividad asociada al ocio como fuente originaria de ideas. Desde la famosa Ley de la Gravedad de Newton mientras descansaba bajo un árbol, a como Kekulé soñó la estructura de los anillos hexagonales del benceno o a como Truman Capote creó mentalmente la estructura y el tratamiento de “A sangre fría” durante un paseo de dos horas por un bosque.

En ese sentido, otra figura del pensamiento como Montaigne afirmaba que “mis pensamientos se duermen cuando estoy sentado”, curiosísima afirmación realizada en el siglo XVI pero que muchas empresas de marketing telefónico, cinco siglos después, siguen aplicando a rajatabla al recomendar a sus empleados no estar sentados, sino caminando mientras cierran su ventas, porque el hemisferio derecho del cerebro se activa cuando estamos en movimiento y aumenta por tanto nuestra capacidad, mejorando las posibilidades del acuerdo.

En definitiva, parece de sentido común que, partiendo de jornadas de trabajo que absorben casi todo el día y con la sensación de estar sometidos a una presión permanente, no podemos pretender estar al 100% en el trabajo y resulta mucho más realista aceptar que necesitamos ese pequeño hueco de ocio para ser más creativos. Gestionado adecuadamente, eso sí.

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Sobre el autor

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