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¿Recesión mundial para el 2020?

Por   /   15 enero, 2019  /   Sin Comentarios

Por Alejandro Martínez Fuster, Director de Inversiones de Efe&Ene, Consultora especializada en soluciones personalizadas de gestión e inversión para grandes patrimonios y grupos empresariales.

 

¿Recesión mundial para el 2020? Será desde luego, si hacemos caso al indicio más inquietante y que ha predicho nueve de las últimas crisis mundiales: la curva de tipos de interés de Estados Unidos. Una gráfica invertida en la actualidad y que indica riesgo. Se trata de un indicador de venta adelantado. Y así, si los bonos son más caros a 10 años que a 2, significa que hay una mayor incertidumbre a largo plazo, o lo que es lo mismo, una menor confianza en el futuro. Y lo cierto es que en los tipos de interés, la palanca de la economía, encontramos el mayor síntoma de esa crisis que algunos sitúan en este 2019, pero que, si hacemos caso a los ciclos de la economía, se producirá más bien en un plazo medio de 18 meses.

Lo advierten economistas, analistas y asesores, que ya aprecian cierta pérdida de confianza en los mercados: los gestores se vuelven más conservadores con sus carteras, mientras que baja el consumo y aumenta el ahorro. Próxima crisis, de PixabaySe contrae por tanto la curva de gasto y nos encontramos ante una profecía autocumplida provocada por el miedo.

Otro indicador de crisis económica está en esa ley no escrita que advierte que tras un periodo de bonanza económica llega inevitablemente la recesión, o, lo que es lo mismo, dos trimestres sucesivos de crecimiento negativo. La razón hay que buscarla en la psicología humana y, de nuevo, en el miedo. Y es que después de una época de exceso de confianza y de gasto excesivo, éste se recorta ante la ausencia de nuevas necesidades. El consumo se cierra a los gastos superfluos y desde luego, a menor gasto, el mercado entra el pánico y se produce una dispersión de la gran inversión, que no es otra cosa, que la suma de los pequeños y medianos inversores.

En cuanto al entorno geopolítico, el acuerdo comercial  de Estados Unidos con China resulta un elemento clave de estabilidad que modificaría la tendencia económica. Y 2019 puede ser el año al respecto, aunque no hay que olvidar el particular sentido del tiempo y la visión de futuro de los orientales. Y es que estrategia y paciencia son las armas del gigante asiático frente a la política “a cara de perro” de la administración Trump en el asunto de los aranceles. De momento, la situación está abierta. Ambas delegaciones se reunirán este mes de enero, pero el plazo diplomático abierto para un posible compromiso concluye el próximo 1 de marzo, y no sólo están en juego las fronteras comerciales (con más de la mitad de las exportaciones a China gravadas al igual que el 85% de las americanas a China), sino también asuntos como la apropiación indebida de la propiedad intelectual y la transferencia forzada de tecnología.

Otra incógnita, más difícil de despejar, es la del Brexit, susceptible de desarrollarse en cualquier entorno, desde el llamado “Brexit caótico” (ante el que se ensayan planes de contingencia que incluyen derechos ciudadanos e intercambio comercial) hasta la posibilidad de celebración de un nuevo referendum. Eso sí, la libra padece ahora las consecuencias de la inestabilidad interna y la fecha límite para una salida ordenada nos lleva de nuevo al mes de marzo. El 29 es la fecha y la gran pregunta es qué ocurrirá en las bolsas europeas el día 30.

Incertidumbre también la que continuará trasladando Donald Trump al resto del mundo, mientras lleva a máximos históricos la confianza de los inversores norteamericanos con sus políticas proteccionistas. Entre ellas, la aspiración de independencia energética, que choca con los intereses de los países de la OPEP. La predicción así es que el precio del barril se mantendrá, aunque la caída que ha sufrido la producción ha afectado y seguirá afectando a todas las empresas periféricas. En el centro de este conflicto por el carburante se encuentra el polémico “fracking”, la nueva forma de extracción del petróleo mediante fracturación hidráulica, que ha permitido a los norteamericanos ser competitivos y retomar las exportaciones de crudo, prohibidas desde los años 60. Porque la rentabilidad del fracking se encuentra sólo a partir de los 70 dólares el barril y nunca por debajo de ese precio. Y hay que tener presente que las productoras, que están sostenidas por Wall Street, cada vez que llega una mínima recesión pierden.

En ese sentido, la guerra energética, con la entrada del coche eléctrico, será sin duda noticia este 2019, que, por lo que respecta al dinero, y a pesar de los nervios en las bolsas, será “un año colchón”.

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Sobre el autor

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