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¿Por qué le llaman crisis económica?

Por   /   7 marzo, 2013  /   Sin Comentarios

Por Rafael Cera, consultor (@rafacera).

Crisis económicaEn el mundo en general, y en el empresarial en concreto, una de las negligencias más importantes que no se pueden conceder es confundir la causa con la consecuencia, el humo con el fuego, el síntoma con la enfermedad. Esto se torna además suficientemente preocupante cuando se trata de reconducir una situación, cuando se trata de solucionar problemas.

Un directivo que pretenda reflotar su organización a través de solucionar o disminuir los síntomas negativos que la misma muestra es como el mal médico que pretende triunfar en la superación de la enfermedad de su paciente tratando la tos sin curar la pulmonía que presenta.

Pues bien, creo sinceramente que el mundo, en la actualidad, se mueve a un ritmo descompasado, inadecuado, sobre todo en los ámbitos económicos. En Europa, en concreto, se ha tomado la vía de solución a los problemas económicos que presentamos intentando mejorar los indicadores de déficit. Dicho de otra manera, se pretende retomar los buenos datos económicos de hace unos años reduciendo gastos en todos los ámbitos, públicos y privados. La fórmula es: menos deuda, mayor flexibilidad económica y mayor margen de actuación.

Los efectos de estas medidas no se están mostrando como reparadoras, ni tan siquiera como inhibidoras, de los malos síntomas que ahora padecemos; más bien, los datos indican todo lo contrario. Y es que, de manera rápida, al menos en mi opinión, hemos acudido a visualizar lo evidente, los síntomas que nuestras economías despliegan, tomando medidas después de un inadecuado diagnóstico del problema, pensando que dichas medidas retomarán la senda de la bonanza económica (que no necesariamente tiene que coincidir en la misma medida con la social).

Todos hablan de la crisis económica de esta maldita época que nos está martirizando, que está arrasando con toda la alegría que hasta hace poco compartían muchos. El diagnóstico descrito y causa de todos nuestros males es que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y debemos volver al cauce de lo que nos permite nuestra capacidad generadora de riqueza. Esto, insisto, es el síntoma, y la solución va dirigida a reducir la ruidosa e incómoda “tos” de nuestra economía, pero nuestra “pulmonía” continua el deterioro de Europa en general, si bien principalmente de los países más dependientes, como el nuestro.

No me gustaría que pensaran que esto que leen es la conclusión de un “iluminado” que dará una opinión innovadora sobre el problema que nos acucia. No llego todavía al estatus de “iluminado”, ni tan siquiera lo pretendo, pero no me resisto a dar mi opinión, pues, en la línea que les comento, entiendo que no se están tomando demasiadas decisiones y, por supuesto, mucho menos de gran calado. No se está aplicando el tratamiento efectivo para acabar con la “pulmonía”.

Pienso que el problema que estamos padeciendo la gran mayoría de la población de España posee raíces muy parecidas a las del resto del mundo, por aquello de la globalización de los mercados y esas cosas, pero que la fuente se ha situado en el ámbito económico, cuando creo, estoy convencido, que la causa de todos nuestros malos dinerarios posee una base social, como no podría ser de otra manera. Para mí, la fuente de todos los problemas es la implantación en la sociedad de valores que se alejan de los intereses grupales y que solo pretenden un individualismo exacerbado del triunfo particular. ¿Cómo medimos ese triunfo en nuestra sociedad? Pues a través de un barómetro dúctil, maleable, inestable, influenciable: EL DINERO. El éxito lo medimos en algo cuantitativo que maneja el 10% de la población mundial, pero es que el resto de la humanidad genera valores de comportamiento y conductas en relación con la adquisición de dicho bien como fin social.

Por lo tanto, mi conclusión es que la crisis es económica solo en apariencia, pero que esta situación es la consecuencia de los valores instaurados en esta sociedad. Valores como el tener más es el fin; cualquier medio vale si permite tener más; esto es una guerra de cada uno; el que pueda que siga la carrera por conseguir el dorado, el resto son fracasados y abandonados a su suerte. Esta conclusión particular da explicación a las conocidas “subprime” de Estados Unidos (al parecer, la causa de esta mastodóntica y deteriorada situación), a los fraudes piramidales de muchos negocios, a las estafas desmedidas que cada día descubrimos, a las corrupciones y corruptelas que cada día, desgraciadamente, identificamos en cualquier país del mundo. Y es que la formula «DINERO=ÉXITO» está interiorizada; peor aún: socializada. Tanto es así que se disculpan en ocasiones los delitos monetarios o no se tratan de manera tan dura como otros delitos, pues en el fondo se justifica la condición de conseguir más dinero. Conocemos algunos “doctores honoris causa” que fueron juzgados y condenados como grandes estafadores, ladrones, pero lo cierto es que la sociedad los premió por lo superficial del cuánto tienen, no cómo lo han conseguido y/o a qué lo dedican. Incluso aun después de cumplir pena o estando imputados en procesos importantes y graves, la sociedad, las gentes en general, no les quita la etiqueta de persona relevante, manteniendo su estatus. Curioso, ¿no le parece?

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Sobre el autor

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