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La competitividad europea pasa por potenciar el sector de la alta tecnología

Por   /   4 marzo, 2014  /   Sin Comentarios

Según el reciente estudio “Rebooting the European High-Tech Industry”, elaborado por la consultora A.T. Kearney y centrado en empresas TIC de servicios informáticos, hardware, software, equipos y servicios de comunicación, electrónica de consumo, semiconductores y componentes electrónicos, la competitividad europea en el panorama mundial pasa por la potenciación del sector de la alta tecnología.

El mismo señala que la tecnología de primera línea desempeña un papel crucial en la economía en un momento en que la proliferación de maquinaria, aparatos y redes inteligentes coordinan el uso eficiente de los recursos. Un sector tecnológico dinámico es esencial como motor de innovación, a la par que un factor imprescindible para que las empresas europeas puedan competir eficazmente en un entorno global extremadamente competitivo.

Alta tecnología, de Free DownloadLo cierto es que la propia Comisión Europea ha reconocido oficialmente la importancia de la tecnología en el crecimiento, la competitividad y la capacidad de respuesta a los desafíos sociales europeos del futuro, pero los esfuerzos de los legisladores no han bastado para frenar el declive del sector.

El informe de A.T. Kearney, que, a falta de los datos de cierre de 2013, estima los ingresos generados en este sector por las 100 primeras empresas del mundo en unos de 1.670 billones de dólares en 2012 (1.590 billones de 2011), revela que, de ese volumen de negocio, apenas el 10% lo generan compañías europeas, y también constata que únicamente 9 de ese centenar de grandes corporaciones son europeas tras las fusiones y adquisiciones de los últimos años y el rápido crecimiento de las asiáticas y estadounidenses. Es más: incluso una de estas nueve desaparecerá de la lista cuando Microsoft adquiera oficialmente la división de dispositivos y servicios de Nokia esta primavera, lo que dejará al Continente sin ningún representante dentro de los 10 fabricantes líderes en móviles.

La contribución del Viejo Continente a las ventas globales va, por otra parte, decreciendo poco a poco, pues en términos de tasa de crecimiento interanual que se proyecta entre 2011 y 2015, Europa (2,2%) crecerá menos de la mitad que Estados Unidos (5,2%) y Asia (5,4%), sobre todo en segmentos importantes como servicios, software, equipos y servicios de comunicación, hardware informático y semiconductores, en los que Europa pierde su importancia como mercado.

Detrás de ese descenso del peso de Europa están sin duda los cambios en la demanda, la fragmentación de los mercados europeos, la escasez de financiación y de personal altamente cualificado en las compañías, la falta de visión estratégica, la ausencia de coordinación entre países e incluso también la carencia de una legislación laboral realmente competitiva y flexible, hasta el punto de que muchos sectores europeos dependen actualmente de proveedores tecnológicos no europeos.

Y el problema es que Europa necesita las TIC para competir en sus industrias tradicionales, como la automoción, el sector aeroespacial, la ingeniería industrial, la distribución, las telecomunicaciones y los servicios energéticos, y para mantener los puestos de trabajo y la prosperidad que todo ello implica. Además, las últimas revelaciones acerca de los programas de vigilancia electrónica clandestina de la Agencia de Seguridad Nacional de EEUU ponen de relieve los peligros de depender de empresas tecnológicas americanas y asiáticas.

Javier Navarro, socio de Telecomunicaciones en A.T. Kearney Iberia, destaca que la realidad es que se echa en falta “un plan estratégico en el que la UE apueste por el crecimiento de los sectores prometedores de las TIC, con una política industrial diseñada para que los actores principales mantengan y amplíen posiciones, y adquieran escala”. Y en esa línea, aunque la UE ha comenzado a identificar los sectores adecuados, es necesario contar con una política decidida que combine dirección estratégica, gestión de la demanda, financiación bien enfocada y alianzas precompetitivas.

El trabajo de A.T. Kearney muestra una serie de pasos concretos para desarrollar en el Viejo Continente los programas actuales y recuperar su vitalidad. Las acciones al respecto que deben tomar las instituciones comunitarias, los gobiernos nacionales, las asociaciones sectoriales y las empresas individuales son:

–    Mejorar la oferta de talento mediante una formación más orientada a la tecnología y una inmigración selectiva.

–    Ofrecer una financiación más atractiva para la creación y el crecimiento de empresas de alta tecnología (especialmente para la internacionalización).

–     Mejorar la cultura empresarial abriendo opciones de emprendimiento y apuntalando los éxitos; y generar condiciones equitativas en materia de normativa y regulación.

–    Desarrollar un plan maestro para toda la región con áreas de aplicación claramente definidas para las TIC, donde los actores europeos puedan triunfar y asumir el liderazgo industrial (normalmente centrado en torno a las necesidades TIC del sector B2B de alta tecnología). Priorizar estas inversiones, basadas en decisiones estratégicas bien informadas, garantiza que no se dispersen demasiado. Para ello Europa debe crear auténticos clústeres paneuropeos de excelencia en estas áreas de aplicación clave en torno a compradores claves, y aprovechar su gasto e inversiones públicas para desarrollar estas áreas.

–    Mejorar la respuesta corporativa de las empresas europeas a los retos del futuro con una mejor estrategia predictiva y un liderazgo más decidido que les permita evitar los fallos del pasado. Y en ese sentido necesitan mejorar su capacidad innovadora aumentando el gasto en I+D y reavivando sus ambiciones de crecimiento orgánico e inorgánico, así como recuperar las alianzas entre proveedores y clientes como vehículo de la innovación, donde los grandes compradores de productos de alta tecnología (públicos o privados) adopten un enfoque de colaboración más estratégico, equilibrando las oportunidades de ahorro en costes a corto plazo con el valor estratégico de contar con actores europeos en la alta tecnología.

Imagen cortesía de Stuart Miles / FreeDigitalPhotos.net

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