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Opinión

En cloud computing no hay 'talla única' sino nubes a medida

La "infinidad" de la nube no implica que la gestión del día a día de una compañía precise de una disponibilidad más allá de lo estrictamente necesario; la adecuación a cada caso irá en pro de una óptima productividad.

27 Octubre 2011por Raúl Álvarez, Director de Ventas de BMC Software

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Raúl Álvarez

Raúl Álvarez

El concepto de “cloud computing” se suele definir como un modelo de TI que garantiza a algunos usuarios concretos tanto el permiso como la capacidad para solicitar una cierta cantidad de recursos informáticos utilizando una interfaz automatizada. Se espera así que los recursos estén disponibles al poco tiempo de emitir esta petición, mediante un proceso de aprovisionamiento automático.

Los detalles y limitaciones de esta definición de “cloud computing”, ya sean por la ubicación, cantidad o composición específica de tales recursos, han sido objeto de debate en el sector durante meses, aun cuando el modelo sigue ganando tracción y popularidad en el mercado. No obstante, algunas de las características del modelo son incuestionables:

  • Para el usuario, la cantidad de recursos disponible parece no tener límite. Aunque eso no es totalmente cierto, el tamaño de la “nube” hasta la fecha supera las necesidades de cada usuario individual, que es, "efectivamente ilimitada," cerrada sólo por los permisos otorgados a dicha persona
  • La solicitud se tramita de manera inmediata, en un espacio de tiempo de minutos u horas, comparado con las semanas o meses necesarios anteriormente
  • El usuario puede disponer de más (o menos) recursos a lo largo del tiempo, de acuerdo con la destreza en la gestión de la capacidad que muestren los administradores del entorno “cloud” y de las propias necesidades de las cargas de trabajo
  • El coste que supone para el usuario el consumo de los recursos en “nube” (frente al consumo de recursos físicos) se reduce sustancialmente
  • Hay algunos aspectos que compensan en parte los beneficios. Por ejemplo, el usuario ya no podrá tener conocimiento de (ni control sobre) la ubicación física exacta de los recursos, cargas de trabajo adyacentes, del hardware, hypervisor y otros componentes que ahora están optimizados por el entorno de gestión del “cloud”.

Las ventajas, particularmente para una amplia gama de tareas intermitentes y con un razonablemente escaso nivel de riesgo, son muy evidentes para todos los implicados. En concreto, el usuario obtiene cuanto necesita y el departamento de TI tiene libertad para gestionar el conjunto de todos los servicios en “nube” para optimizar al máximo su entorno.

Los usuarios obtienen lo que necesitan

La mayoría de las descripciones del usuario típico de la “nube” lo pintan de una manera lo suficientemente difusa como para aceptar cualquier rol o función, desde un investigador que necesita ejecutar de forma inmediata un cálculo estadístico complejo a un desarrollador que, de forma rutinaria, prueba su código sobre instancias recién creadas de un entorno, o incluso un miembro del equipo de marketing que necesita disponer de suficiente “capacidad en su sitio web" para soportar otros 1.000 usuarios más.

A pesar de que esto parece muy sencillo en un mundo de “nubes” organizadas fundamentalmente como “infraestructura-como-servicio”, incluso en las “nubes” más sencillas, como las que cubren las actividades de desarrollo, las tipologías de usuarios siguen siendo muy variadas.

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