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Las CCPs y los riesgos de los derivados OTC

Por   /   22 noviembre, 2012  /   Sin Comentarios

No cabe duda que la introducción de las CCPs (entidades de contrapartida central) como una entre muchas alternativas en la gestión de riesgo de contraparte podría tener un efecto beneficioso para los mercados de derivados OTC y la industria bancaria. Pero lo que cae bajo la crítica es la normativa que obliga a trasladar todos los derivados OTC estandarizados a las CCPs sin un análisis profundo del efecto global que podría tener un cambio regulatorio a tal escala.

Anna Downarowicz SIAGLo cierto es que, con el fin de mitigar el riesgo de contraparte y reducir el riesgo sistémico, la nueva regulación europea EMIR y la norteamericana Dodd-Frank introducen el requerimiento de que, a partir del 1 enero de 2013 (plazo sin duda algo precipitado), todos los derivados OTC estandarizados se negocien en bolsas de valores o en plataformas de trading electrónico y que su compensación se realice a través de CCPs. Adicionalmente, con el objetivo de aumentar el nivel de transparencia de los mercados OTC y mejorar su supervisión, se ha introducido el requerimiento de comunicación de toda la información respecto a las operaciones con derivados OTC a los registros de operaciones (“trade repositories”). Finalmente, se propone que todos los derivados no compensados a través de las CCPs estén sometidos a superiores requerimientos de capital. En esta línea, y para incentivar a los bancos a compensar los contratos en derivados a través de las CCPs, el Comité de Basilea ha propuesto aplicar a estas posiciones requerimientos reducidos de capital por riesgo de contraparte.

A primera vista, puede parecer que esta vez los reguladores han encontrado una solución óptima y han conseguido ponerse de acuerdo en cuanto a su puesta en marcha en un tiempo record. ¿Pero son realmente las CCPs la panacea para los problemas de riesgo de contraparte y riesgo sistémico? ¿No nos hemos precipitado trasladando en masa los derivados OTC a las CCPs sin haber estudiado detenidamente cuál podrá ser el impacto global de una decisión regulatoria a tal escala? ¿No estamos en realidad otra vez en la historia reciente barriendo los riesgos de un lado para concentrarlos en otro? Parece que la memoria de los reguladores no llega más allá de los cuatro años atrás, cuando las titulizaciones de las hipotecas subprime o aseguradoras monoline, en lugar de las soluciones milagrosas, resultaban ser una mera redistribución de riesgo en su otra forma, aún más peligrosa.

En este aspecto, habría que ser más escéptico y tener más cautela implementando cambios regulatorios a tal escala. En primer lugar, cabe destacar que la nueva normativa surge principalmente de los temores relacionados con riesgo sistémico y mercados de los CDSs (“credit default swaps”). Pero mientras que la compensación central ha demostrado ser efectiva en caso de mercados maduros y derivados estandarizados y líquidos, como por ejemplo swaps de tipos de interés, no está claro que sea una medida adecuada para instrumentos como CDSs, cuyas características propias (por ejemplo, el subyacente, volatilidad, liquidez, etc.) no permiten transformarlos fácilmente en instrumentos compensados en mercados organizados.

La siguiente duda está relacionada con el riesgo al que estarán expuestas las CCPs si se somete la gran parte del mercado de derivados OTC a la compensación central. La finalidad de una entidad de contrapartida central es intermediar entre la parte compradora y la vendedora de una transacción y garantizar la operación en caso de incumplimiento de una de ellas. De esta manera, la exposición al riesgo de contraparte se traslada de las partes individuales de una transacción bilateral a la CCP, que ha de disponer de una estructura adecuada respecto al capital, liquidez, gestión del colateral y control de riesgos para garantizar, al menos en teoría, ser libre de riesgo de default. Este supuesto es fundamental para la nueva normativa, puesto que uno de sus objetivos principales es la creación de mecanismos de protección contra la propagación de riesgo sistémico, que podría ser causado por el colapso de un intermediario financiero. Sin embargo, a la vista de los acontecimientos presenciados durante la reciente crisis financiera, existen dudas sobre si las CCPs están realmente exentas de riesgo de default, al igual que otras grandes contrapartes de alta calidad crediticia que durante años han sido consideradas “too big to fail”.

Otro aspecto que parece no haber sido analizado con suficiente detalle es el impacto sobre el capital que tendrá trasladar en masa los derivados OTC a las CCPs. Mientras que el capital regulatorio para estas posiciones se vería reducido al 2%, al ser las propias CCPs las que establecen los requerimientos de márgenes, el supervisor perdería el control sobre el capital total del que tendrían que disponer los bancos para este tipo de operaciones. En los momentos de estrés en los mercados el aumento de los requerimientos de márgenes podría tener graves consecuencias: deterioro de condiciones de liquidez, más volatilidad e inestabilidad en los mercados; es decir, precisamente el problema que el regulador pretende solventar.

Por último, hay que tener en cuenta el efecto de la nueva regulación para empresas no financieras que suelen utilizar derivados OTC para coberturas de riesgo de tipo de cambio o de precio de materias primas. Aunque la nueva regulación prevé exenciones hasta un cierto umbral de la compensación central obligatoria de estas posiciones, es de esperar que al someter los bancos a superiores requerimientos de capital para estas posiciones aumentará el coste que tendrán que asumir los clientes corporativos. En las actuales condiciones macroeconómicas esto podría empeorar aún más la desfavorable situación de la economía.

Por Anna Downarowicz, PhD Credit Risk Expert de SIAG

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