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Belmonte, tierra de nobles, santos y bandoleros con historia en piedra y cultura

Por   /   12 noviembre, 2018  /   Sin Comentarios

Historia y cultura de Belmonte, de OpenPor Enrique Sancho, director de Open Comunicación, compañía especializada en comunicación y marketing.
Fotos: Carmen Cespedosa.

 

Alguien dijo, refiriéndose a Jerusalén, que era un lugar con “demasiada historia para tan poca geografía” (la frase es de David Ben Gurión, que fue dos veces Primer Ministro de Israel). Y salvando las distancias, algo parecido podría decirse de Belmonte, un pequeño pueblo de apenas 2.000 habitantes situado en plena Castilla-La Mancha, en la provincia de Cuenca, con una historia densa y variada. Un lugar poco conocido que está deseando que las cosas cambien.

Porque no es habitual encontrar en esta pequeña localidad las huellas de su más conocido hijo, Fray Luis de León, ilustre poeta y religioso, rival amistoso de San Juan de la Cruz; o de su más famosa vecina, Eugenia de Montijo, que fue emperatriz de Francia por su matrimonio con Napoleón III. Pero también nació aquí el intrigante Juan Pacheco, primer Marqués de Villena y señor de Belmonte, que apoyó la causa de Juana “La Beltraneja” frente a su tía Isabel “La Católica”, que ganó finalmente la pugna. Sin embargo su hijo Diego López Pacheco, que también defendió la causa de “La Beltraneja”, apoyó rotundamente a Isabel y Fernando como capitán Calle de El tío Camuñas, de Opengeneral de los ejércitos españoles en la reconquista de Granada.

Junto a los anteriores, esta es tierra también de santos y bandoleros. Aquí nació y vivió, casi al lado de la casa de Fray Luis de León, el que sería San Juan del Castillo, que murió martirizado y, una vez muerto, arrastrado por caballos, en Paraguay y cuya historia se cuenta, en parte, junto a la de otros misioneros, en la película “La Misión”. En la colegiata de Belmonte se conservan restos de la tierra donde murió, trozos de las cuerdas con que fue arrastrado e incluso sangre que encontraron en la tierra. Y muy cerca está asimismo enterrado un conocido guerrillero, Francisco Sánchez Fernández, que asedió a las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia, hasta que fue detenido y fusilado. Oriundo del pueblo de Camuñas, fue conocido como “El tío Camuñas” y desde hace más de 200 años, junto con el “Coco”, constituye el terror de los niños españoles.

Cerca de Don Quijote

Belmonte está en plena ruta de “El Quijote”, con los molinos-gigantes de Mota del Cuervo a un paso, aunque tiene su propio molino dentro de los límites del pueblo, “El Puntal”, que conserva su maquinaria y permite contemplar la molienda, con El Toboso a 15 kilómetros, Cartel de la película El Cid, de Oepntambién próximo Campo de Criptana y otros múltiples escenarios cervantinos.

Por otro lado, de alguna forma es también tierra de “El Cid” y, aunque no es seguro que Rodrigo Díaz de Vivar pasase por aquí, desde luego sí estuvo su “descendiente” Charlton Heston junto a Sofía Loren, que rodaron aquí una parte de “El Cid” en el inmenso palenque a los pies del castillo de Belmonte. Por cierto, el castillo se construyó 300 años después de los tiempos de El Cid… cosas de Samuel Bronston y el cine americano. Además, hay al menos una decena de productoras que han encontrado en Belmonte el escenario ideal para sus películas. Títulos como “El crimen de Cuenca”, de Pilar Miró, “Los señores del acero”, de Paul Verhoeven, “Juana la Loca”, de Vicente Aranda, “El caballero Don Quijote”, de Manuel Gutiérrez Aragón, etc. han desarrollado aquí buena parte de su metraje. Una de las últimas ha sido “Tenma”, una historia de samuráis rodada precisamente en el castillo de Belmonte.

El pueblo más bello de Castilla-La Mancha

Consecuencia de toda la anterior e intensa historia son los muchos monumentos que atesora Belmonte, que le han hecho acreedor en varias ocasiones, Castillo de Belmonte, de Ayuntamiento de Belmontela última en 2016, al título de “Pueblo más bello de Castilla La Mancha”.

El recorrido para disfrutarlo debe comenzar en el castillo, más que nada porque luego todo es de bajada y se hace más llevadero. Encargado por Don Juan Pacheco, Marqués de Villena, al Maestro Hanequín de Bruselas para utilizarlo como vivienda propia en su ciudad natal y que luego fue refugio de doña Juana “La Beltraneja”, está situado en un cerro. Su recinto exterior tiene forma pentagonal, portada gótica y está unido a las murallas que bajan hasta la localidad.

Mientras, en el recinto interior, de planta triangular, destacan los artesonados mudéjares, las yeserías y los relieves góticos. En cualquier caso, hay dos partes claramente diferenciadas, como se observa desde el patio de armas: una de carácter medieval y defensivo y otra palaciega que nos traslada a la segunda mitad del siglo XIX con salas ambientadas al estilo de la propietaria del castillo en esa época, Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia por su matrimonio con Napoleón III y descendiente del marqués de Villena. Durante el recorrido de esas salas se da a conocer la apasionante vida de esta noble española que llegó a ser regente del imperio francés en tres ocasiones y que ordenó la restauración del castillo de Belmonte a mediados del siglo XIX. Tras la emperatriz, el castillo fue habitado por Hernando Fitz-James Stuart y Falcó, Castillo y pueblo de Belmonte, de OpenDuque de Peñaranda y sobrino de Eugenia de Montijo, cuyos descendientes ostentan hoy su propiedad. Pertenece por tanto a la Casa de Alba y está considerado un “Bien de Interés Cultural”.

El castillo, con su exterior pentagonal, extiende sus brazos de murallas hacia la población.  Cilindros de piedra flaquean sus vértices y le otorgan su soberbia planta castellana, mientras que el abrazo de las murallas se abre en sus cinco puertas, de las cuales tres siguen siendo de acceso a la población. Son las puertas de San Juan, la de Chinchilla, la de Almudí, la de Toledo y la Puerta Nueva.

Joyas en cada esquina

A los pies de su castillo, la villa de Belmonte rinde pleitesía al edificio que lo identifica y corona su estampa. Pero además de ese castillo, entre las calles y casas, el rumor de los siglos nos muestra la iglesia de la Colegiata, que disputa al propio castillo su liderazgo de piedra y cultura. Porque lo cierto es que la Colegiata de San Bartolomé, que estuvo a punto de ser considerada catedral, reclama su matriarcado sobre la villa desde su estilo mayoritariamente gótico. Colegiata de Belmonte, de Ayuntamiento BelmonteSus bellísimas puertas del Sol y de los Perdones exhiben sus pináculos y arcos germinados y son antesala del magnífico tesoro que albergan sus muros. A la vez, en su interior anida un sinfín de incontables tesoros arquitectónicos, mobiliarios y artísticos que justifican la pugna de protagonismo con el castillo, con capillas, retablos, bóvedas, pinturas, esculturas, la pila y el coro. Sin lugar a dudas, una de las maravillas de la Colegiata es desde luego el coro, tallado para la Catedral de Cuenca por los hermanos Cueman y trasladado a Belmonte en el siglo XVIII. Técnicos y estudiosos dan una gran importancia a esta obra, ya que es la primera sillería de coro historiada de España: en ella aparecen relatos de la Sagrada Escritura que, en forma de “historias”, van narrando la Historia Sagrada, junto con escenas profanas más tímidamente tratadas. Coro de la Colegiata de Belmonte, de OpenY tampoco hay que olvidar que, en un rincón, se encuentra la pila en que recibió el agua con que fue bautizado Fray Luis de León, o que aquí están también los sepulcros de la familia del Marqués de Villena.

Otro edificio de interés es el palacio-alcázar de don Juan Manuel, sobrino de Alfonso X “El Sabio”. Edificio del siglo XIV, hoy convertido en precioso hotel de lujo. Todavía se pueden visitar también interesantes restos arqueológicos, entre los que destacan los restos de un convento de monjas dominicas con un claustro magnífico que se levantó en el siglo XV. Igualmente, merece la pena conocer, entre otros lugares, el antiguo Convento de los Jesuitas, barroco del siglo XVII con su claustro que forma parte de la Plaza Muñoz Grandes, el hospital de San Andrés, el convento de las Madres Concepcionistas, la Plaza del Pilar y el convento de los Trinitarios.

Otra visita imprescindible es “Trebuchet Park”, a los pies del Castillo de Belmonte y que constituye el mayor parque de máquinas de asedio a escala real del mundo. A lo largo de su visita se pueden ver 40 máquinas de asedio, todas ellas a tamaño real y perfectamente operativas: todas han sido probadas y funcionan igual que lo harían en su época. Pueblo de Belmonte, de OpenHan sido reconstruidas con el máximo rigor histórico en base a la documentación existente: miniaturas, grabados, textos de la época, representaciones iconográficas o restos arqueológicos.

En cualquier caso, además de apreciar sus monumentos, en Belmonte vale la pena pasear por el reguero de callejuelas estrechas de muros blancos y empinadas cuestas, o auparse a través de grandes fachadas con ventanales protegidos por rejas para presenciar la huella de los mejores años de Belmonte. Y, sobre todo, charlar con sus gentes, acogedoras y abiertas, que contemplan con preocupación, como tantas otras en distintos rincones de España, el lento abandono de sus casas por vecinos que buscan otra vida en la ciudad o en otros parajes.

Esa es, por cierto, una de las grandes preocupaciones de su inquieta alcaldesa, Angustias Alcázar, que está punto de completar su cuarta legislatura y que, junto a un grupo de colaboradores y empresarios del pueblo, ha lanzado una campaña con el lema “Contra la despoblación, unión y promoción”. Ojalá lo consiga, porque su entusiasmo es contagioso. “Caminar por Belmonte” -suele decir- “es no sólo sumergirse en los inicios de la historia de nuestro país; es pasear por calles repletas de historia de caballeros, de Quijotes, Actividades de ocio en Belmonte, de Openpero sobre todo de Sanchos, de poesía, de literatura, de héroes libertarios, de musas, de espiritualidad…todo un pueblo encantador y con encanto”.

Desde luego, para incitar a que la gente visite Belmonte, se enamore de este lugar e incluso decida quedarse allí, no faltan oportunidades, ya que hay muchas casas en venta a precios ridículos, e iniciativas que estimulan las visitas. Por ejemplo, el joven empresario Antonio Abad ha puesto en marcha “Belmonte Aventura”, que organiza actividades “multiaventura” para grupos, despedidas, amigos, familias, empresas, escolares, campamentos, etc., con rutas en “quad” o bicicleta, senderismo, alojamiento en casas rurales, etc. A otro nivel está la bodega Mont Reaga, situada en las afueras del pueblo y que refleja el sentimiento, pasión y dedicación de toda una familia y equipo humano para convertir un sueño en una realidad concretada en campos de vides, cereal al viento y un amplio horizonte donde dejar perder la vista. El resultado, tras 15 años de trabajo, son unos excelentes vinos con variedades de la región (tempranillo, verdejo y moscatel de grano menudo) y otras internacionales que se han adaptado muy bien al clima de la zona y su tierra (cabernet sauvignon, syrah, merlot y sauvignon blanc).

Cama y mantel

Belmonte tiene mucho que ofrecer y sus alrededores también. Por eso es aconsejable dedicarle, al menos, un fin de semana o un largo puente, porque así habrá tiempo para el disfrute. Al respecto, el comparador de hoteles Hotelscan detalla al menos una docena de casas rurales disponibles con buenos precios, al margen de dos lugares de excepción. Uno es el Palacio Del Infante Don Juan Manuel hotel Spa, donde historia, tradición y cultura del lugar se funden con la modernidad, la calidad y la comodidad de este alojamiento, un remanso de tranquilidad en el que disfrutar de una estancia inolvidable. Hotel Spa Infante Don Juan Manuel, de OpenY otra buena opción, sobre todo para familias o grupos, es el Palacete Belmonte, un palacio típico castellano-manchego con líneas elegantes y modernas y con  20.000 metros cuadrados de parcela. Colocado frente a la ladera norte del Castillo de Belmonte, dispone de ocho habitaciones, amplias zonas comunes, cocina y comedor y capacidad hasta para 22 personas.

Hay que tener presente también que los recorridos por Belmonte propician hambre y sed, si bien no hay que preocuparse para calmarlos porque se está en el lugar adecuado. Las buenas viandas de la tierra de Castilla-La Mancha, como migas, gachas, morteruelo, ajo arriero, gazpacho manchego, arroz con liebre, caldereta manchega, cochifrito, porreta, perdiz escabechada, pipirrana, sopa castellana, zarajos, asadillo, atascaburras, patatas al montón, etc., además de paletillas de cordero asadas o lomos de bacalao bien regados con vinos de las varias D.O de Castilla-La Mancha, se pueden disfrutar, por ejemplo, en el restaurante La Muralla, el más grande del pueblo y que dirige Manuel Resa; Los Alarifes, el restaurante de lujo del hotel Palacio Del Infante Don Juan Manuel; o el también mencionado Palacio Buenavista. Eso sí, otra buena opción es el coqueto Alacena de Belmonte, que también es gastrobar y tienda de productos típicos, destacando sobre todo sus excelentes quesos y conservas de ajo arriero, negro o morado.

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Sobre el autor

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