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La tasa del absentismo laboral, en su récord histórico

Por   /   13 junio, 2019  /   Sin Comentarios

Frente a los 1.250 millones en 2017, durante 2018 las horas perdidas en España por absentismo en el puesto de trabajo ascendieron a 1.350 millones, según relata la octava edición del “Informe Adecco sobre Absentismo”, documento que desde hace ocho años elabora el The Adecco Group Institute, centro de estudios de la multinacional de gestión de recursos humanos Grupo Adecco.

Lo cierto es que esta práctica de ausencia o abandono del puesto de trabajo ha supuesto durante el ejercicio pasado unos costes directos para las empresas y para el país de 5.400 millones de euros (344 euros anuales por empleado), lo que representa en realidad un 0,4% del PIB español.

El informe, en el que han colaborado la Universidad Carlos III de Madrid, la Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo (AMAT), FREMAP, i+3, la Fundación Adecco y ModisLifescience, detalla que la tasa de absentismo (porcentaje de las horas no trabajadas, Absentismo de trabajadores, de Pixabaysin contar vacaciones, festivos ni horas perdidas por ERTEs, respecto a la jornada pactada efectiva) ascendió en 2018 a un 5,3%, lo que supone un récord histórico.

La realidad es que la tasa de absentismo presenta en España una evolución muy diferenciada si contemplamos la misma desde que empezara el actual siglo. En concreto, del año 2000 al 2007, la tasa saltó desde el 3,7% hasta el 4,95% (+35,3%), pasando luego entre 2008 y 2011 a estabilizarse en torno al 4,7%. Ya de 2012 a 2013 se registró un marcado descenso, pues cayó al 4,1% (-17%), pero, sin embargo, de 2014 hasta 2017, la tasa repuntó hasta el 5%, es decir, que creció un 21% respecto a 2014; y ha vuelto a elevarse en 2018, llegando al citado 5,3%, lo que supone una décima por encima del más alto pico anterior, que había sido detectado en 2009.

El estudio, que constata así que las horas no trabajadas por absentismo parecen seguir un patrón estrechamente ligado al nivel de actividad económica, incide, por otro lado, en que el absentismo sufrido en España durante 2018 equivale a que 753.000 empleados no trabajaron en todo el año, frente a los 701.000 asalariados que hubieran representado en 2017. O visto de otra manera, que cada asalariado ocupado de nuestro país estuvo, de media, 86,7 horas en el año sin trabajar.

Lo cierto es que durante el año pasado se produjeron un total de 5.212.692 procesos de incapacidad temporal por contingencias comunes, un 12,7% más que en 2017, mientras que la población media protegida ha crecido solo un 3,4%, hasta los 17.311.321 trabajadores.

En esa dinámica, la tendencia al alza de las horas no trabajadas por absentismo ha sido una constante en todas las comunidades autónomas de nuestro país en el período que va del 2000 a 2018. Y en esa línea, el informe también confirma que, salvo en Cantabria y Cataluña, en las restantes quince regiones españolas la tasa de absentismo en ese período ha subido significativamente. Eso sí, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Andalucía muestran los incrementos más marcados, resultando por el contrario los más moderados los de la Comunidad Valenciana y Extremadura. Y en el caso concreto de 2018, el mayor número de horas anuales no trabajadas por cada empleado debido al absentismo lo sufrió el País Vasco (125,5 horas), comunidad autónoma a la que siguieron Navarra (112,0), Asturias (103,1), Castilla y León (101,8), Aragón (99,4), Canarias (96,5), Murcia (94,5), Galicia (90,9) y Cataluña (89,5); y ya por debajo de la media nacional de las 86,7 horas, la Comunidad de Madrid (86,4), La Rioja (86,2), Cantabria (82,2), Comunidad Valenciana (76,1), Extremadura (73,6), Castilla-La Mancha (71,0), Andalucía (62,1) y, por último, Baleares, con solo 43,6 horas perdidas por trabajador y año.

Traducido todo ello a tasas de absentismo, País Vasco (7,9%), Navarra (6,9%), Castilla y León (6,3%), Asturias (6,3%) y Aragón (6,1%) resultaron las cinco comunidades autónomas en las que más del 6% de las horas pactadas efectivas se perdieron por razones de absentismo. Mientras, solo en dos regiones la proporción de horas pactadas efectivas que se perdieron por absentismo fue inferior al 4%: Baleares (2,6%) y Andalucía (3,9%).

No obstante, si se analizan las horas pactadas efectivas por autonomía, que incluyen las horas pactadas totales más las horas extraordinarias y menos las no trabajadas por vacaciones y festivos, el estudio pone de manifiesto que las mismas se han reducido de media en el país en 120 horas entre el año 2000 y el 2018, pues se ha pasado de una horas pactadas efectivas de 1.750 a 1.630. En ese sentido, en el último año, Canarias encabeza el número de horas pactadas por asalariado, con 1.683 horas. A esta comunidad autónoma insular le escoltaron Madrid (1.672), Baleares (1.669), Galicia (1.649), Cantabria (1.646), Asturias (1.636) y Cataluña (1.635), todas ellas por encima de la media nacional. Entre tanto, estuvieron por debajo de la misma Murcia (1.624), Navarra (1.618), Aragón (1.617), La Rioja (1.613), Castilla y León (1.611), Castilla-La Mancha (1.603), Comunidad Valenciana (1.601), País Vasco (1.599), Andalucía (1.591) y Extremadura (1.568).

Además de en el reparto geográfico, también por lo que atañe al sector de actividad empresarial se detectan diferencias en el absentismo español. De hecho, la industria, con una tasa del 5,6%, padeció en 2018 el absentismo más elevado, mientras que la construcción, apenas con un 3,6%, ofreció la más baja. Por su lado, el sector servicios la elevó a un 5,4%. E igualmente resultó la industria la que presentó un mayor número de horas perdidas por absentismo (99 por trabajador/año en 2018), aunque fue en los servicios donde la evolución de las horas no trabajadas por absentismo parece más vinculada al ciclo económico, llegando en 2018 a algo más de 85 horas anuales, a la vez que en la construcción se perdieron 65 horas anuales por asalariado.

En cualquier caso, particularizando más, se advierte que las actividades vinculadas al cuidado de la salud, a las administraciones públicas y defensa y a las industrias extractivas fueron en las que se perdieron más de 100 horas anuales por empleado por absentismo. El otro extremo, en donde el número de horas no trabajadas por absentismo fue más reducido (la pérdida se limita a menos de 65 horas anuales), estuvo integrado por la hostelería, las actividades inmobiliarias, la educación y las actividades profesionales, científicas y técnicas. En ese sentido, tres subsectores de actividad han destacado por mostrar una tasa de absentismo superior al 7%: salud y servicios sociales, administración pública y defensa y agua, saneamiento y gestión de residuos. Entre tanto, en la situación inversa solo hay dos subsectores: construcción y actividades inmobiliarias.

Sin embargo, es preciso reseñar que, a lo largo de 2018, los únicos subsectores que exhibieron menos de 1.400 horas pactadas efectivas anuales de trabajo fueron educación y las actividades artísticas y de ocio. Por el contrario, en construcción, industrias extractivas, manufacturas e información y comunicaciones las horas de trabajo pactadas efectivas superaron las 1.750 por año. No obstante, es preciso constatar que los 18 subsectores de actividad analizados presentaron un descenso en el número de horas de trabajo pactadas efectivas.

El estudio también relata que, del total de los procesos de baja laboral por incapacidad temporal (IT) durante 2018, nada menos que casi un 6% de los trabajadores no acudió en todo el año a su puesto de trabajo, lo que equivale a 1.014.707 empleados. Y en concreto, el 85,5% se derivaron de contingencias comunes (enfermedad común y accidente no laboral), lo que representa un 12,7% más que en 2017, llegando a 5.212.692 procesos, en tanto que el 14,54% restante se correspondió a absentismo de origen profesional, es decir, accidentes de trabajo y enfermedad profesional.

En cuanto a los de origen no profesional, las mujeres registraron un mayor índice de bajas de más de 90 días que los hombres (3,99 de ellas, frente a 2,42 de los varones); suponiendo en el cómputo total de absentismo registrado el pasado año 630,39 días en el caso de hombres y 1.080,19 en mujeres. Y también se destaca que el índice de días de baja por contingencia común aumenta entre los grupos de mayor edad, constatando además que que desde luego la incidencia de los procesos disminuye en función de la edad: el grupo de 16 a 24 años alcanza el mayor índice (46,70%); le sigue el tramo de edad entre 25 y 34 años (36,8%); el de 35 a 44 años (31,17%); quedando para el final el de 45 a 54 años, que registra el índice más bajo (26,18%), y el de mayores de 55, con un 28,14%.

La realidad es que la mayor parte de los procesos de bajas por contingencia común tuvieron una duración de hasta 15 días (68,51%) y representan el 8% del total de días de baja, mientras que sólo un 10% se alargó más de 90 jornadas, si bien representan el 69% del total de días. No obstante, se subraya una tendencia al incremento de la media de bajas de larga duración, que registraron el pasado año un promedio de 275,18 días de duración. De este modo, al comparar esta cifra con la media de bajas de larga duración en 2009, se observa una variación al alza de 19,8%.

Y en lo que respecta al absentismo por contingencias comunes en función del tamaño de las corporaciones, se comprueba que se reduce la frecuencia de estos procesos en las pequeñas empresas que no superan la decena de trabajadores, en las que tienen lugar un 62,83% menos de absentismo por enfermedad o accidente no laboral que en compañías de más de 250 trabajadores, a la vez que la media de días de absentismo es también inferior (hasta un 49,47% menos).

La cuestión es que el gasto en prestaciones económicas por incapacidad temporal por contingencias comunes (ITCC), que va a cargo de las mutuas colaboradoras con la Seguridad Social y de las entidades gestoras de la Seguridad Social, ascendió en 2018 a 7.498,54 millones de euros, lo que supone un crecimiento del 12,89% respecto a 2017. De esa manera, el coste directo para las empresas fue de 6.900,48 millones de euros, mientras que el coste de oportunidad (en términos de la producción de bienes y servicios que se dejaron de producir por ese absentismo) ascendió a 70.741,40 millones de euros (63.577,16 millones en 2017).

En cuanto al coste en 2018 por trabajador afiliado por las prestaciones económicas por ITCC, previstas en la Ley General de la Seguridad Social, el mismo se ha incrementado al 9,19%, significando un precio de 433,16 euros de media por afiliado. Un coste que se financia con cargo a las cotizaciones por contingencias comunes que pagan los empresarios y trabajadores (84% y 16%, respectivamente, del 28,30% de la Base Reguladora por Contingencias Comunes) y los trabajadores autónomos a la Seguridad Social. De esa forma, el costo total del absentismo por incapacidad temporal por contingencias comunes tuvo un valor para el ejercicio 2018 que se elevó a 85.140,42 millones de euros, lo que revela un incremento de un 10,02% con relación a un ejercicio antes.

En cuanto al absentismo de origen profesional (accidentes de trabajo y enfermedades profesionales), que supone el 14,54% restante después del absentismo por contingencias comunes, la mitad de los mismos (49,91% exactamente) durante 2018 tuvieron una duración máxima de 15 días y el 10,26% de días del total de bajas, frente al 9,11% que se alargaron más de 90,si bien representan el 49,08% de días. En concreto, la media de bajas profesionales de larga duración se situó en 2018 en 210,96 días en el caso de hombres y en 209,51 en mujeres. Además, esta tipología de absentismo registra un índice más elevado en cuanto más pequeña es la empresa, sobre todo en compañías de entre 11 y 249 trabajadores.

Hay que advertir, sin embargo, que el comportamiento de la incapacidad temporal es multicausal y no puede justificarse de forma exclusiva por las condiciones sociodemográficas y laborales de la población trabajadora existente en cada territorio, por lo que debe ser complementada con otras variables que no pueden constatarse en los parámetros analizados.

En cualquier caso, como es habitual en todos los años, los únicos precursores de bajas por incapacidad temporal no justificadas que presentan algo de relevancia (una frecuencia entre media y alta) siguen siendo aquellos relacionados con el ámbito familiar del trabajador, así como con la organización del calendario y horario laboral. En ese sentido, las horas no trabajadas por absentismo por otras razones incluyen las bajas por maternidad, paternidad, acogimiento y adopción, que son las más importantes y sumaron 10,8 horas de media en 2018, lo que equivale al 41% de la categoría. Le siguen las horas perdidas por permisos y licencias, que supone el 21% de las horas perdidas de esta segunda categoría en 2018 y significan 5,7 horas anuales de media; las horas no trabajadas por razones técnicas o económicas también se incluyen en este apartado, y hay otros tres motivos marginales en el total: se trata de descansos para compensar horas extras, horas perdidas en el lugar de trabajo y horas perdidas por conflictividad laboral. Por su parte, otros factores, como la búsqueda de un nuevo empleo, con un índice del 0,6%, conflictividad laboral (1,5%) y mal ambiente de trabajo (1,7%) presentan una baja incidencia en las causas de absentismo.

Eso sí, las causas mayoritarias de absentismo laboral las siguen representando los problemas de enfermedad común (31,9%), los problemas leves de salud (8,1%), las enfermedades profesionales (5,5%), la conciliación (5,3%), los problemas familiares (4,3%), el denominado “efecto lunes” (3,8%), un mal ambiente de trabajo (1,7%), la conflictividad laboral (1,5%), las situaciones de estudio (1,3%) y la búsqueda de nuevo empleo (0,6%).

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